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Paréntesis para el barrio

A mis amigos del barrio, de la CVX en especial, miren lo que encuentro en Perú21:

Establecen horario para venta de licor
Prohiben consumo de licor en la vía pública en el distrito de Breña. No se expondrá vender bebidas alcohólicas a partir de las 11 de la noche.
En Breña no se podrá vender licor más allá de las 11:00 p.m. Así lo establece una ordenanza publicada en El Peruano.
Los locales dedicados a la venta de comida también están sometidos a la restricción, salvo que cuenten con un permiso especial establecido en la licencia de funcionamiento. Además, la ordenanza prohíbe el consumo de bebidas alcohólicas en la vía pública.
Ampliación de noticias: Agencia Andina. Bueno, a ser precavidos muchachos!

Cosas desesperantes sobre el tráfico y el transporte

1. Que no cedan los asientos reservados. El sábado regresaba de la universidad a casa en la 32A, y cuando estaba por llegar a mi destino, sube una pareja de abuelitos. El sentido común creo yo, debería pedir a gritos ¡que se sienten!, ¡que se sienten! Bueno, de los cuatro asientos, sólo dos estan “correctamente ocupados”. De los otros dos, una muchacha se paró, el cuarto asiento fue impedido de ser desocupado. Me explico: un abuelito estaba sentado con un muchacho de unos 14 años en un asiento reservado (de eso de a dos), y el abuelito impidió que su nieto ceda el asiento. Hasta que todos protestamos, no permitió que el niño ceda el asiento.

2. Que peatones crucen cuando el semáforo está en verde. Y encima, se molestan! Hay choferes imprudentes, y por montones. Pero también hay peatones imprudentes… ahorcables. Cruzan viendo el semáforo en verde, corriendo cual gacelas perdidas y chillando como cotorras. Como siempre, el ser humano contradictorio.

3. Que los choferes crucen el semáforo en rojo. Y encima, se molesten. Lo pongo luego del caso de los peatones, porque lo de los choferes es más común. Igual, jode.

4. Que la combi / coaster / bus se convierta en una lata de sardinas. Para el cobrador siempre al fondo hay sitio. El pasajero que sube viendo el vehículo a punto de explotar, no se molesta cuando al subir el cobrador hace que todo el mundo se arrime (y claro, quien se queja está loca). Cuando sube otro pasajero y el cobrador vuelve a pedir “arrímese, avance”, el pasajero anterior también se queja. Pero cuando subió, y todos se tuvieron que apachurrar porque él (ella) subió, normalaaazo no?

5. Que el medio esté igual que el pasaje urbano. Para que me sirve entonces mi carné universitario…sólo Dios sabe. Y es que o es su tarifa, o si no tienes sencillo te dicen que seas conciente, pe’, y listo. Y si tienes sencillo, y pagas lo justo, Dios proteja las orejas de mamá y abuelita, y demás, o aguanta que todo el camino el cobrador este buscando como joderte.

Salvo honrosas excepciones, este es el pan de cada día. Al que me resisto a decir Amén.

Como siempre, de todo como en feria

Cuatro días sin computadora, y desconectada de la red, casi babeaba viendo los programas de tv, el canal 95 y leyendo diarios. ¡Dios, cuanta información! Cuantas cosas por comentar, por leer, por difundir, por conocer, por rebuscar, por investigar. Y aunque un malicioso virus se haya llevado algunos de mis archivos, las cosas volvieron a la calma. (Como Willie, todos vuelven)

Por partes: Blanca Varela fue galardonada con dos premios (el premio Lorca y el premio Reina Sofía) y mi muy querida San Marcos cumpliendo 456 años el sábado (en el transcurso de la semana saldrá un post de corazón sanmarquino, lo prometo). Mientras, y al millones de km, Gisela y Magaly protagonizaron otro escándalo y la Bolocco se calateó en su casa y un patín la fotografió como le dio la gana (pospost tiene tooooda la información.

Pero la desgracia ocurrida al Grupo Néctar en pleno (salvo uno de ellos que no viajó por gracias divina) cambió las primeras planas no sólo de espectáculos. Y es que muchos de nosotros aún recordamos nuestras (primeras) juergas universitarias al ritmo Sarita…Farfán y del arbolito que tenía tu nombre y el mío.

Y el panorama político de pronto se llenó de noticias. Primero el dichoso Decreto de Urgencia firmado por García y Del Castillo mientras el ministro de Economía tomaba fotos de la Torre Eiffel, en misión oficial. Como el gato, que diga Luis Carranza, no estaba… Luego el juicio de Pérez Document, cuando vendía bien barato al que “creía que era su jefe”, dísece Hermoza Ríos (vía canal 8), y doña Canchaya suspendida mientras su asesora está suspendida en el espacio, pues nadie sabe donde anda Jackeline Simón.

Como respondiendo mi último post, al día siguiente leo que el TLC está a punto de salir “bien, tal como todos queremos” ¿quienes somos todos? Y 8 congresistas a punto de salir mal parados por el escándalo que armaron en la legislatura pasada por este tema…mientras el ministro de Educación trata de probar si las laptos de 100 dólares, que en realidad costarían casi el doble y que nadie sabe como ni con que criterio se distribuirían, aguantarían los golpes de los niños. (enlaces al útero de marita y el tercer piso)

De la mano con el día de la madre (Feliz día reina, aunque no me dejes postear tranquila), llegó el (nuevo) escándalo en el congreso, otra vez por cortesía de Cuarto Poder (chequen la web la próxima semana, ahí aparecerá el reportaje completo) y auspiciado por Unidad Nacional en la figura de Walter Menchola (hombre importante de Castañeda Lossio, como bien señala Marco Sifuentes)

Y la OCMA que celebra el día de la madre con strippers (¿Jennifer Llanos diría buen provecho?), mientras yo recorría los alrededore del mercado Santa Anita, o tal vez durante mi clase de tesis, o tal vez mientras lloraba la muerte de mi disco duro (estafadores algunos chicos Wilson, al final mi pc resucitó).

Dios, si eso y mil cosas maravillosas (y no tanto) pasaron por mis ojos, oídos y cabeza en cuatro días…en este país es imposible aburrirse. Se agradecen sincera y profundamente las visitas, enlaces, comentarios, correos, llamadas y demás.

Descubriendo la "autoestima" (de una parte) del transporte público

Y con eso de la autoestima, señores, no me estoy refiriendo a los mensajitos que las no tan bien ponderadas “combis” le quitaron a los camiones de carga pesada, sino a que luego de andar tanto tiempo hoy en combis, llegué a la conclusión que las combis pequeñas y casi destartaladas la mayoría de ellas, pues tienen la autoestima taaaan alta, que cuando se miran al espejo creen que soy buses grandotes…por ello llevan 35 personas donde entran 20.
Al fondo siempre hay sitio, dicen no??!! Y cuando una se queja es la loca de turno en la combi bus. Faltaba más.

Y supongo que esa misma autoestima alta es la que hace que corran como carros de carrera. Ellos no sólo manejan combi, ellos son corredores profesionales. De la ruta Venezuela - Callao - Gálvez, o La Mar - todo Canadá, etc., hasta la carrera de Caminos del Inca, nadie los para!

Fuera de bromas, a la velocidad y de la forma en la que manejan la mayoría de choferes, es milagroso que los pasajeros hayamos llegado vivos (sólo un chofer de los 7 que he conocido hoy, no manejaba “haciendo carreras”) y que no se haya atropellado a nadie ni chocado contra nada.

Sin duda agradecimiento especial a Sarita, el Señor de Muruhuay y toda la mancha…que curiosamente desfilan hoy ante nuestros ojos en distintas combis. Gracias…totales, por no convertirme en un número más de la lamentable cifra de accidentes de tránsito. Amén.

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Lima, la q no es (¿tan?) horrible

Lo siento señor Salazar Bondy. Es cierto que con 472 años encima, las calles de Lima lucen cansadas. Cientos de veces remozadas, renovadas, altamente transitadas…y cansadas. Destruídas y reconstruídas a medias, con parques y jardines que sobreviven gracias a la buena voluntad y al milagro del oxígeno aún circundante por sus calles. Y sin embargo estas son calles las que soportan penas y alegrías, aquella depresión limeña acompañada por la bóveda que aquí ya no es celeste, sino gris (panza de burro) y también aquellas jaranas en las que el vaso con cerveza se rompe siempre de casualidad.

Así se levanta Lima, orgullosa, con menos penas que glorias, aunque parezca lo contrario. Aunque haya perdido casi todas sus guerras, aunque haya perdido casi toda su biblioteca entre incendios y zaqueos, siempre hubo quien se preocupe por que recupere su esplendor. Y aunque en Jirón de la Unión se conjugue la voz de Valdelomar con la de Daddy Yanquee, y la fachada del archivo Courret se haya empolvado con el polvo más triste: el del olvido (para la mayoría). Si pues, entre piercing, tatuajes, manicure e internet, el smog no deja lugar para recrear la vista.

Lima y su gente. Lima y sus comidas. Lima y su historia cargada de sonrisas y lágrimas de sangre. Lima que extendió sus tentáculos más allá del Centro Histórico y Barranco, y que sin embargo no se concibe celebrar su aniversario en otro lugar.

Lima, el monstruo de siete cabezas. Lima, el Cordano, el Puente de Los Suspiros, Carabayllo, Ancón, la Costa Verde y las playas del Sur, el Estadio Nacional, el Callejón de las siete puñaladas, Chicago Chico, la Avenida Los Héroes, Villa el Salvador, Alianza Lima, Universitario de Deportes, Sporting Cristal y el Muni. Lima y El Olivar, Larco Mar, el Cerro San Cosme y El Agustino, el Urbanito y los Queirolos. Lima y sus prostitutas y sus pandilleros, sus mendigos y sus choros. Lima y su tráfico infernal, y la salvadora Vía Expresa. Lima y su gente que se levanta de madrugada para trabajar y recorre ambos extremos de la ciudad para vivir y mantener a Lima y a su historia, vivas.

En Lima la tristeza se vuelve alegría y la alegría siempre tendrá escondida una pincelada de melancolía. Y es que Así es mi Lima criolla, alegre y jaranera, la tierra tres veces coronada… mil veces inmortalizada en valsesitos que nos recuerdan a quienes no tenemos la suerte de terminar de entender porque tiene tres coronas y no más (tal vez la imposibilidad de respirar en avenidas como Abancay y Tacna sea uno de los motivos contundentes).

Y aunque ya no es cierto que en los callejones de un sólo caño se escuchen alegres taconeares que hagan crujir al cuarto 16, aún estuvo el Bolivar para albergar una barra de mujeres bien acompañadas, y el Munich para terminar la jornada del 18 de enero sonriendo al ritmo de un alegre taconear que nos impulsaba a seguir vivos y a querer un poquito más a Lima. Después de todo, y antes que todo, mi Lima me cobija en sus calles, regalándome la dulce melancolía de un ayer que nos empuja a seguir construyendo su historia y hacerla cada día mejor. Salud (con pisco sour, no hay otra)

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  • Yo (digo)

    En mi DNI, aparezco como Katherine Subirana. Pero me llaman Catalina. Cata, para los amigos. Soy periodista, sanmarquina, atolondrada, terca, adicta al café y al Lucky ligth (juntos o separados) y en conflicto constante (repito, constante) con los relojes. Escribo aquí como alguna vez escribí en un block escolar y como sigo escribiendo en ocasiones en servilletas o en hojas sueltas. Digamos que escribiendo aquí colaboro con bajar los índices de tala de árboles.

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