De la Universidad Pública para el Perú (¿y el mundo?)
Reflexiones Compartidas a partir de una entrevista con el sociólogo Nicolás Lynch
Hace una semana, con motivo de las próximas elecciones sanmarquinas, entrevisté al sociólogo Nicolás Lynch. La idea era saber su opinión sobre el rol que cumple, o debe cumplir, la Asamblea y el Consejo Universitario, y tengo que reconocer que en muchos aspectos su opinión no difiere de la mía.
Al punto. Nicolás Lynch señala “un problema estructural del gobierno de la Universidad, que no distingue la labor ejecutiva, legislativa y de control“. Destaca “la necesidad de una verdadera reforma universitaria que afronte el problema de gobierno y que represente a estudiantes y profesores”. Yo añadiría que la excesiva burocracia, y las buenas intenciones que quedan sólo en eso en cuanto se sobreponen a ellas la suma de intereses personales, son las causas del naufragio de las propuestas de cambio.
Lynch remarca la necesidad de recuperar la Universidad como espacio público de discusión e influencia política, no sólo desde adentro, sino también desde fuera. La modernización sin modernidad, producto principalmente del movimiento migratorio, ha influido en el cambio de configuración de espacios públicos. La gran escena popular y el nuevo espacio mediático, reducen de manera considerable la influencia de la Universidad. San marcos es una muestra del Perú sólo en términos de radiografía sociológica, pero no de influencia y debate político, como en épocas pasadas.
Y por si fuera poco, hay que reconocer que al estudiante promedio le interesa muy poco la política. Para Nicolás Lynch “hay poco cariño por la aventura real, los jóvenes ahora apuestan por la aventura cosmética. Herederos de una historia política llena de derrotas, que suponen borrones y hacen difícil la transmisión de experiencias pasadas, escogen entre tres alternativas: irse del país, encerrarse en su burbuja individual o tratar de trabajar con lo que hay. Muy pocos jóvenes trabajan con lo que hay, ¿quiénes se aventuran a ir a provincia un par de años y conocer la realidad del país?”
Aquí parte mi preocupación. Esa radiografía sociológica que representa San Marcos, y a la que Lynch se refiere líneas arriba, no es para nada despreciable. San Marcos, la decana de América, la otrora “nido de inquietudes, plaza de victorias”, ahora…¿qué es? No malinterpretar mis palabras. El cariño que le profeso a MI Universidad es inmenso. Estudio en San Marcos porque San Marcos es la misma historia del Perú, sin embargo, ante las carencias que sufrimos como Universidad pública; la influencia de la sociedad de la información; y sobretodo, la formación mecánica de profesionales que tienen que responder a las necesidades del mercado global, enunciado en términos más tecnológicos que antropológicos, ¿qué se ha hecho de San Marcos?
Lynch apuesta a una recuperación de la Universidad desde fuera, y no lo culpo. Pero reconozco también que fuera de la Universidad la situación no es mucho mejor. Este contexto electoral sanmarquino, coincide con el contexto electoral nacional no sólo en fechas. La situación del electorado es similar: la mayoría ignora lo que verdaderamente pretenden los líderes políticos, o lo que es peor, le da absolutamente igual. Si se supone que quienes tenemos la oportunidad de estudiar en la Universidad, somos los mejores preparados para tomar las riendas del desarrollo de nuestro país, ¿qué futuro le espera al Perú, si desde las aulas universitarias nos mostramos indiferentes?
San Marcos se ha convertido en un reflejo de lo que sucede fuera de sus muros, y fuera de los muros se vive la política, la globalización, y el día a día con igual desesperanza, desidia e ignorancia. En San Marcos conviven todas las sangres y todas las perspectivas de vida que la globalización nos ha abierto. Sin embargo, al igual que en nuestro siempre rico y empobrecido país, existen aún unos cuantos que aún creen en la utopía del cambio, que no se juegan sólo por las aventuras cosméticas, y que quieren tomarse en serio el papel que hace muchas décadas Gonzáles Prada delegó a los jóvenes. Sin caer en romanticismos absurdos, extremismos innecesarios, o sacrificios alegóricos y vanales, no hago apología a nadie en especial, sólo al espíritu de lucha que caracterizó siempre a la juventud universitaria y que se que no se ha perdido completamente, y que sería bueno (re)empujar juntos. Todos.
Radiografía sociológica, sí. San Marcos es el Perú, pero más chiquito, tan abierto al futuro como nuestro país. Sólo que necesitamos dejar de repetirlo de paporreta.











