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YO paro, ¿TU paras? ¿Quiénes paran?

Mientras el presidente Alan García Pérez presentaba 100 patrulleros donados por el Gobierno coreano, a la Policía le faltaban manos -y vehículos- para despejar las vías bloqueadas en el inicio de la huelga agraria convocada por la Junta de Usuarios de Riego (JNUDRP) y por Conveagro.” Así comienza el artículo sobre el paro que leí ayer en Perú 21. Sin ánimo de menoscabar este ni otro artículo - mucho menos este que tiene una entrada tan buena - tengo una corrección que hacer: a quienes les faltó manos y policías fue a los pasajeros.

Eran las 12 de la noche, mi carro había salido a las 10.45 p.m. de la encantadora ciudad de Trujillo, y a esa hora ya estabamos a la salida de Chimbote, cuando de pronto el carro se detuvo. Eso no suele suceder en Linea, mi transporte de confianza al norte. Me levanté del letargo que me tenía envuelta en el cable de mi mp3 y me asomé a la ventana para ver la pista llena de carrizos, piedras y pasajeros que bajaban de otros buses, que no estaban sólo desconcertados, sino también molestos.

“¿Oiga señor, que pasa?”. El chofer me miró feo, como quien dice “en que planeta vives mamita” y me dijo que me siente calladita (bueno, eso último fue comunicación no verbal) que íbamos a regresar a Chimbote porque la carretera estaba bloqueada. Avergonzada por ser la periodista más ignorante del mundo (al menos en ese momento) yo y toda mi vergüenza, volvimos al asiento 17.

Para no sentirme tan desubicada, llamé al 105, no con el afán de encontrar a alguien más desubicado que yo (que fue lo que encontré), sino para que alguien me explique por el amor de Dios o de quien sea, que estaba pasando. La respuesta final fue: “El paro pues señorita, el paro” ¿De quién? “El paro pues” Y…¿cuándo acaba? “Sabe Dios”. Ya que fue la única respuesta que pude obtener, luego que Willie me iluminó al recordarme que era el bendito paro agrario, yo y Alejandro Filio nos resignamos a tratar de dormir en medio del mal humor (en todos los sentidos) que empezaba a invadir el bus.

Lo que vino al día siguiente, intentaré resumirlo, pues no pretendo competir en extensión ni con mi buena amiga Laura, ni con mi buen amigo JAG, y con cosas menos interesantes.

7.30 Despierto en el terminal de Chimbote…bendito paro, no iré a trabajar. Pero…¿por qué el paro? Aquí la info, para quienes, como yo, olvidaron el porque, ante los titulares que acapararía el bloqueo de carreteras.
El panorama que me acompañó las siguientes dos horas y media, lo tienen al lado por cortesia de mi buen motorola W375. Cuando me levanté, pude contar 55 buses además del mío. No pude contar más porque la cola para el baño y para el teléfono parecían la cola para de entrada del concierto de Soda Stereo

9 Salida de Chimbote. Tú que dijiste, ¿ya nos fuimos? Ilusa.

11 Llegamos a Huarmey, de donde no saldríamos hasta la 1.30 a.m. (aprox). El bus entró a la cochera de un restaurant, donde no pude comer porque se acabó la comida. Mientras pugnaba por una Inca Kola (que no quiero probar en mucho tiempo) y una galleta de soda (idem), me enfrenté inevitablemente a eso que llamamos “amor en las buenas y en las malas”. Una señorita muy bien arreglada y maquillada (maestra con sus tacones…casi le pregunto como no se le corría el maquillaje, mientras yo sudaba como si estuviera entrenando), peleaba con su novio-enamorado-esposo-conviviente-yoqueseyquemeimporta porque la señorita quería chizitos, y en todo Huarmey no había chizitos…que hacer? Yo reir, su pareja sonrojarse y tratar de calmarla. Amorcito no se calmó, pero se conformó con un kekito bimbo. Felizmente.

Que el bus vuelva a entrar a la fila de carros que pugnaban por regresar a Lima, costó 14 minutos y los saludos cordiales de muchos señores camioneros a la mamá de nuestro chofer. Olvidé bajar el cargador del celular, por lo que la batería no me hizo milagros. El calor, el sentimiento de sardina enlatada y el mal humor (pésimo) que emanaba el bus, me obligaron a dormir.

15.30 Llegamos a Paramonga. Una parada de media hora en medio de la jungla, me ayudó a entender que la mayoría de los pasajeros no tenía idea de lo que pasaba en el paro, que pensaban que todos los que hacían paros son cholitos ignorantes y que meterles un balazo es la mejor solución. También conocí a un rastaffari que me ofreció marihuana. “Cómo puedes fumar en este calor, paso!” La señora del balazo, parece que aceptó.

16.30 Pativilca. El lugar donde mi madre tuvo un ataque de nervios y yo un arranque…de que, no lo sé. Bajé del carro, como en todas las paradas, para buscar aire puro, pero no lo encontré. Luego de discutir con una señora porque Fujimori no es mejor que Alan y porque Alan no es mejor que Fujimori (muchacha del hortelano, me dijo), emprendí mi camino en busca del primer bus de la fila. Vaya travesía.

17.30 Pativilca es muy larga! Casi media hora caminando, y aún no encuentro el primer bus. Una señora pasa a mi lado con 3 piedras enormes en las manos “Vamos a desbloquear la carretera, vamos a pasar que no nos podemos quedar aca… hombres, muévanse!!!”. Y la seguimos dos mujeres y unos 10 hombres. He caminado 15 minutos más hasta llegar al primer carro y me quedé boquiabierta: el pase ki cerraban dos camiones estacionados en sentido contrario. Mientras tanto, unas 30 personas (pasajeros) se trepaban a los cerritos con la idea de hacerle la bronca a los huelguistas. Y lo consiguieron, ante la mirada atónita, complaciente, cómoda, temerosa, de menos de una decena de policias. No sé en el resto del país, pero a la altura del puente Barranca, a quienes les faltó manos, y policías, fue a los pasajeros. Y digo “les” y no “nos” porque yo tuve que regresar mis pasos, llegando a contar 125 carros delante del mío. Yo, mis lentes, mis sandalias y mi cobardía, regresamos. Bueno, yo no quería mecharme, sólo despejar la carretera, pero desgraciadamente, a esas alturas, ambas cosas eran sinónimos. Mientras, algunas damas y caballeros hablaban de ignorancia, desarrollo, sub desarrollo y la necesidad de un Spa a su vuelta a Lima.

19.15 A punta de golpes, piedras y hasta disparos, se logró desbloquear la carretera. Golpes, piedras y palos de parte de todos los bandos involucrados. Piedras y palos que cayeron finalmente sobre todos los buses que osaron pasar el estrecho. Piedras que rompieron lunas, pero también nervios. En mi bus cayeron muchas, pero sólo se rompió una luna. Lástima que justo fue la ventana en la
que Andy, de 6 años, descansaba sobre las piernas de su madre. Luego de eso Andy no durmió, y su ataque de asma lo llevó directamente al Hospital de Supe, nuestra siguiente, y felizmente, última parada. Y bueno, cómo ya todos sabemos, los disparos, lamentablemente, también cayeron.

21.15 Llegamos a Supe. Ya no había películas que ver, el aire acondicionado ya no funcionaba, pues si estuvo prendido no me acuerdo, mi mp3 murió, no había suficiente luz para leer…lo siento mamá, volví a bajar del carro. Mientras se llevaron a Andy al hospital, intenté buscar agua…lamentablemente en Supe no había agua potable, y parece que de pronto los más de 250 carros los desabastecimos de agua mineral. Estuvimos en Supe hasta las 4 a.m. hora en la que milagrosamente volvimos a Lima. Hasta esa hora pude contemplar casi todos los aspectos de la estupidez y de la grandeza humana.

Primero la señora Ana María y el señor Godofredo: Abrieron la puerta de su casa, de su baño, de sus toneles de agua recogida y de sus 18 tomacorrientes a estos mortales que necesitaban servicios higiénicos decentes, agua, café, te, manzanilla y recargar el celular. Lástima que no faltara quien hiciera deslucir el momento volviendo a hablar del bendito spa, quitándole el control remoto al dueño de la casa, hablando de los cholos ignorantes (again), y hablando de quienes no tienen desodorante y que no huelen rico cuando sudan (sic). A la 1 me fui a dormir, le prometí a la seño Ana volver y a mi nueva amiga Susan (linda) pasarle el número del estilista que no tengo (divinos mis rulos, dice).

4 a.m. No se cómo, pero desperté para observar el triste espectáculo de la “libertad”: buses con una, dos, tres, seis ventanas rotas pugnando por (des)ordenar una fila que a paso de procesión se ponía en marcha. El camino de regreso sólo era un reguero de basura, polvo, piedras, palos, oscuridad y para mi, melancolía. Llegué a Lima a las 8 y algo más de la mañana, con la agradable sensación de haber aprendido muchísimo más de lo que esperaba durante el viaje. Sensación que lamentablemente se confundía con una profunda tristeza, porque nunca había visto tan de cerca que los peruanos sean(mos) tan egoistas…sea cual fuere el bando en el que te encuentres (bueno, felizmente con honorables excepciones como doña Ana y don Godofredo).

Ojitos limeños

César Lévano ha escrito hoy en su columna de La Primera que el gobierno aprista se vuelve a manchar de sangre atacando a pobres e indefensos comuneros. Verdad a medias profe: los campesinos no estaban sentados al lado del camino tranquilos, fumando la pipa de la paz. Los huelguistas lanzaron piedras contra los buses, lastimando incluso a niños que nada entienden aun en el problema agrario, y que a este paso, y con esas medidas de fuerza, no llegarán a entender nunca. Sin embargo, no deja de tener razón al referirse al decreto 982, (el útero lo explica - casi - todo) que “declara inimputables a los miembros de las Fuerzas Armadas y de la Policía que causen lesiones o muerte “en el cumplimiento de su deber y en uso de sus armas en forma reglamentaria.”

Después de haber visto lo que vi en Barranca (dónde se registra un muerto), cabe preguntar: ¿la incompetencia policial también es parte del cumplimiento de su deber? ¿El sacar un arma como tercer recurso, no como último? ¿No sería mejor pensar en un plan de prevención de conflictos sociales, sobretodo cuando los reclamos se tienen claros, y evitar desenfundar tantas pistolas? Ya se planteó una tregua… a ver, en que queda el acuerdo que ya está publicado en la web de Conveagro.

El policia con el que hablé al llamar al 105 me dijo: “este paro estaba programado hace 15 días” y una vez más, el gobierno no hizo NADA para prevenirlo. A esta hora, van cuatro muertos, más de 10 mil pasajeros perjudicados, más de 600 carros dañados y lamentablemente la historia sigue dando vueltas, a muy poca gente le importa lo que pasa fuera de su ombligo y el gobierno se declara (una vez más) incompetente para sus funciones. Y ahora, si el PNUD hace licitaciones, ¿también tendrá que hacer un plan para la resolución pacífica de conflictos sociales? O tal vez se lo puedan encargar a Amnistía Internacional…

El gobierno dice que el paro fue un fracaso. Probablemente sea cierto, en la medida el Ejecutivo sigue fracasando en el marketeo de una imagen de estabilidad (tal vez porque esta última no existe) y en cuanto el pueblo no le prestó la más mínima atención a las razones del paro, pues los actos de violencia redujeron la visión de todos e hicieron que las miradas se volteen a otros ángulos.

A mi me sirvió para ver más de cerca como en el Perú la expresión “conflicto social”, no la entiende ni la cuarta parte de la población civil, ni la cuarta parte de los poderes del Estado.

Como siempre, quedo con más preguntas que respuestas. Gracias por la paciencia. Y gracias Willie por la compañía virtual y por convertirte en mi agencia de noticias.

Más información: Enlace Nacional, El Comercio, La República, RPP

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¿Perú al 2008?

Como recibí Año Nuevo con 40 de fiebre y la garganta inauditamente inflamada, no me comí las 12 uvas que mi madre me ofrecía, por lo q las 12 me dieron sin atorarme con el meloso juguito rodando por mi garganta, mi boca, mis manos y en el peor de los casos, mi ropa.

Presa de la ociosidad y reivindicando mi condición de ser humano que sueña y se cree el cuento de que algunos sueños pueden hacerse realidad, jugué a separar 8 uvas (sin motivo aparente) y pedir “un deseo” por cada uva que se deslizaba entre mis dedos. Sinceramente creo que ninguno de mis deseos se cumplirá, por eso los publico (contra aquello que reza “si dices tu deseo, este no se cumple”). Aunque en el fondo de mi corazón, espero que al menos uno sea en algún momento algo más que un delirio provocado por la fiebre.

1. Todo el año pasado me guardé de escribir sobre el tema Alva Castro, pero el ver que fue reivindicado en el Ministerio del Interior, y peor aún, escuchar las torpes defensas apristas hacía el incompetente compañero-ministro-Alva (que desde hace 20 años viene demostrando que de Ministro no la hace), a pesar de que la población ya no lo quiere, no es otra cosa que una muestra de la estupidez humana. Mi primer deseo para el año 2008 no es entonces, que los apristas dejen de defender lo indefendible, ni que haya menos estúpidos en el mundo o en el Congreso (los que hay, saldrán en 3 años más, antes dificil) Pido que encuentren un nuevo Ministro del Interior que, por alguna extraña razón, funcione, y sea aprista. En medio de la desesperación, se me ocurre que dejarle el puesto a un compañero puede ser una excusa para que LAC salga del MINITER, aunque el gordito sea experto en excusas para seguir construyendo patrulleros en el aire. Por Dios, después de su fracaso en tres ministerios, entiendan que el fajín le queda grande. Sin ironías.

2. Que Alan García deje de escribir artículos como el del perro del hortelano. Sinceramente, estaba pensando encontrar la forma de regalarle uno de mis libros favoritos: “Desarrollo Económico y Desarrollo Humano, como medirlo”. Eso es casi desarrollo for Dummies, y tal vez le ayude a entender las contradicciones que hay entre su artículo y la realidad del país.

3. Que Castañeda resucite. Y no mande a arreglar màs pistas hasta terminar las que ya rompió. Bastante caos vehicular sufrimos por la cantidad de vías cerradas que tenemos… al mismo tiempo. Por ejemplo, para quienes vienen del cono norte (de la parte màs norte del cono) es un paseo por el infierno, sin Virgilio que guíe, tener que pasar por Habich o por Universitaria. Así, sus dos rutas de acceso al centro, bloqueadas y con un plus de fácil media hora de retraso para donde sea. Como siempre, se nota que no es la ruta de Lucho Castañeda, ni de su partner, Marco Parra.

4. Que se empiece a reconstruir la zona sur del país (Ica, Pisco, Chincha…). Debido a la demostrada incapacidad del Estado, así se la encarguen al PNUD otra vez, es necesario no sólo “hacer algo“, sino establecer un plan sesudo y participativo. Pero en serio pues.

5. Que el Plan Nacional de Derechos Humanos, firmado hace dos años, empiece a funcionar. O al menos que se le deje de ignorar. En un pais como el nuestro pedir que se tome el documento en cuenta, ya es bastante.

6. Que aparezca una verdadera oposición. No pido que “se reactive” porque no con estas cosas no se bromea, y para reactivarse, habría que activarla primero.

7. Que la huelga de docentes universitarios termine. Recién salidita de una Universidad Nacional, de una Facultad que acató la huelga parcialmente, creo que el pedido de los docentes es justo, sin embargo, lo que no es justo es que mientras ellos sigan cobrando sin trabajar, los alumnos pierdan clase y atrasen más de la cuenta planes y proyectos. En su mayoría los profesores más mediocres son los primeros en atrincherarse, el pro es que no pierdes nada perdiendo sus clases…nada más que el tiempo. ¿Hay forma de que no entre cualquier mediocre como profesor universitario? Y ¿hay forma de levantar la huelga de manera justa?

8. Que el proceso de descentralización empiece. Cuando pensaba en esto aún no se realizaba la reunión entre Alan y los presidentes regionales, pero ya que se realizó, espero sea un primer e importante paso para abrir el diálogo y empezar un necesario trabajo conjunto, sobretodo ahora que habemus TLC, robando la frase de una buena amiga: “para que llegue a las chacras de todos, no sólo a los que siembran y cosechan en sus oficinas con calefacción y aire acondicionado”.

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Y sin embargo, Lucía…

Hay cosas en la vida que el dinero no puede comprar. Por ejemplo, la magia de estos dos señores dejando volar canciones. Una escapada de esas que te impulsan a seguir adelante. Una foto que valió la pena todo el correteo, una ubicación inesperadamente privilegiada y la cámara del celular que aofrtunadamente no se portó tan mal. Salud!

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Sangre, sudor y lágrimas, Señor

Lágrimas y corridas de toros para Señor de los Milagros en Perú“, es el título de una nota de Reuters, en la que se trata de retratar, de forma bastante sosa, la procesión del Señor de los Milagros.

La procesión, que cada vez que sale bloquea todas las vías de tránsito motorizado, paseando la imagen de un Cristo que ha soportado todos los temblores y terremotos, y que forma un manchón de puntitos morados moviéndose casi casi al mismo compás, juntan a todo tipo de gente: choros, chinos, criollos, ambulantes, deambulantes, fieles, infieles…y “la fe” no distingue entre quien da la mano y quien te mete la mano (al bolsillo).

No tengo nada en contra de la procesión, más si en contra del parlante que han colocado en Las Nazarenas y que compite con el escándalo de bocinas y motores de la avenida Tacna. No tengo nada en contra de la procesión, más si del festival de souvenirs con el que te suelen invadir los vendedores. Y claro que no tengo nada en contra de la procesión, pero si en contra de las corridas de toros. Lo siento, pero para mi no es nada artístico presenciar la muerte de un ser vivo por puro placer, y mucho menos de manera tan atroz.

Al leer el título de la nota de Reuters me puse a pensar en la manera tan triste en la que se presenta la tradicional procesión al mundo. Entre las lágrimas vertidas por los fieles y la sangre derramada en Acho, gotitas de sudor caen, Señor. ¿Y si nos concedes el milagrito de ser un poquito coherentes? O bueno, ¿un poquito menos incoherentes?

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Nadie sabe para quien trabaja

A propósito de Pisco…


La República en su suplemento Domingo, tiene una nota con el título: Pisco, no se oye Favre.

La entrada dice más o menos así: Entre Julio Favre y los damnificados de Pisco hay 231 kilómetros de distancia. Él despacha en un edificio de San Isidro, mientras la población de una urbe en ruinas espera noticias suyas (…)En Lima el titular de Forsur trabaja duro, pero a puerta cerrada y prácticamente solo. (…) Lo que Pisco necesita, Sr. Favre, no es un gerente, sino un gestor social que lidere la reconstrucción y el desarrollo.

La sugerencia del periodista, puede ser también la sugerencia del pueblo. En caso que no lo sea, debería. El problema es ¿A alguien le importa? Tanto a los responsables como a los beneficiarios ¿Al Estado le importa lo que realmente necesita la gente? y a la gente, ¿le importa que el Estado sepa realmente lo que necesita, o está esperando que adivine o que llegue una cámara de tv para decirlo “en pantalla”?

La primera respuesta podría ser “claro que a la gente le interesa que el Estado sepa lo que necesita”. Sin embargo, tenemos un gran problema con un sector acostumbrado sólo a extender la mano, que refuerza (queriendo o sin querer queriendo) aquella imagen de compasión que gran parte de “las mayorías solidarias” tiene de “los pobres”.

Ejemplo, ejemplo. Hace un par de semanas la institución en la que trabajo (no diré cual, y quien sepa cual es, agradezco no mencionarlo ni tangencialmente) nos llevó a Pisco, de voluntarios. Claro, está bien, tienen toda la buena intención, y eso es genial, pero (lamentablemente pero) de buenas intenciones está empedrado el camino del infierno, y otros caminos también menos nobles.

¿Qué sucedió? Llegamos a un asentamiento humano en Pisco, dónde era muy complicado determinar quienes lo habían perdido todo, y quienes no habían tenido nada que perder. (Miren la foto, y digan como dijo la muchacha que hace un par de meses entrevistó Mathias Brivio: “o sea, no me imaginaba que hay gente que vive así”. Es real, ¿manyas?)

¿Qué se llevó? Ayuda completa para instalar un comedor popular, diversos objetos de utilidad casera (bateas, cubiertos, frazadas, etc.), mucha agua, alimentos enlatados y “una tarde de recreación a los niños”. Ingenioso de parte de la empresa, llevar el juego de caritas pintadas a un lugar donde no hay agua potable. O sea… Claro, los niños super emocionados a pesar de que no teniamos idea de como los estábamos pintando, a pesar de que nadie tenía idea si había suficiente agua y jabón.

En fin, niños y niñas felices, padres sonrientes. Ojo, los padres no sonreían por las caritas pintadas, sino por la repartición de carpas y bienes. Carpas que fueron repartidas sin un criterio preciso, pues aunque entendiendo que las ganas de ayudar son muchas, es tranca entender como gente que ya había recibido donaciones anteriormente prometía deshacerse de ellas para quedarse con las que ahora se llevaba, en lugar de “cederle el honor” a la vecina que parece no recibió nada antes. Y no es el caso que lo que se ofrecía era mejor que lo llevado anteriormente: hubo que hacer grandes esfuerzos para convencer a un señor que no desarme una carpa tipo iglú, de buen material, bien anclada en el piso y recontra espaciosa, para instalar la carpa que habíamos llevado, que tenía todo el aspecto de carpa - puesto de vacunación del MINSA, que no había forma de mantenerla en el piso sin contrapeso. Es más, alguna de ellas voló. Y al final el señor de la historia se quedó con una carpa (además de la que ya tenía) de las 10 que se habían llevado, mientras una señora venía corriendo a preguntar ¿no queda una carpita?

Esto sin incluir en incidente que protagonizaron dos señoras, porque una de ellas cogía una batea más de la que le correspondía, y sin añadir que dos sujetos de aproximadamente 16 años jugaban con su celular motorola con cámara, pantalla a colores y radio y mp3, sacando cachita a pequeños nokias, motorolas y demás de pantalla monócroma (o sea, tenían mejor celular que yo), añadiendo que mientras cargábamos las 100 cajas de 20 litros de agua sólo uno o dos de los pobladores se acercaron a ayudarnos mientras los otros miraban y reían, me trajo a la cabeza la frase “Nadie sabe para quien trabaja”.

Terminada la labor, cogimos carro de vuelta, y mi vesícula biliar explotó cuando el carro dió la vuelta por lugares que a leguas necesitaban mucha más ayuda. Ahora, lo anecdótico del asunto, y que contribuyó a mi posterior enfermedad de cólera, es que durante la jornada de trabajo el equipo de imagen de la institución entrevistó a diversos participantes que tenían que declar ante cámaras “la alegría que les produce que nuestra institución apoye y lleve ayuda a personas de la zona afectada por el terremoto”. Y claro, al final la foto de todos al grito de misión cumplida. Claro, había gente que necesitaba ayuda y se le ayudó, pero entonces no queda claro ¿cuál era la misión?

¿Otro ejemplo? el artículo mencionado arriba. ¿más? lo mencioné a la volada cuando hablé de las piletas de Castañeda, aquella inversión inútil que ahora ya no tiene la gran cantidad de visitantes del principio (ya puede darse su vueltita si desea), ergo, ya no genera aquella ganacia prometida que sostendría proyectos sociales y bla bla bla.

Bla, bla, bla el de aquellos que tienen que trabajar para el pueblo, que deberían validar bien sus intervenciones, no hacer o decir lo que “se supone que la gente necesita”. No se puede saber lo que la gente necesita desde una oficina ubicada en cualquier lugar, menos en el indicado: el lugar que va a recibir la ayuda, desde el cual se puede evaluar mejor que es eso que se necesita. ¿Es que realmente nadie sabe para quien trabaja?

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Gracias totales

Luego del blogday (y también antes y después, en comentarios, en correos o en vivo y en directo), algunas personas que amablemente posan sus ojos en las letras que les entrego en este espacio, me preguntaron el por qué dejé de escribir. Sinceramente sorprendida, agradezco a quienes preguntaron y aun preguntan (gracias hermano!), la respuesta es: por cuestión de (des)orden, de trabajo y de tiempo.

Ordenado el cajón, volví, oficialmente. Gracias… totales, no de despedida, sino de retorno.

(mi) historia de un terremoto (I)

Todos tenemos una historia que contar, luego de un temblor. Todos (los sobrevivientes) tenemos una historia que queremos, indefectiblemente, contar, luego de un terremoto. No todos somos damnificados, material, física o espiritualmente. No todos nos sentimos damnificados. Es más, no todos nos “sentimos”.

Para todos desde mi generación hacia abajo, es nuestro primer terremoto. Para todos los que vivimos en Lima. Fue caótico, estremecedor, y sacudió no sólo la tierra y las bases de todos los edificios, sino nos sacudió completitos. Como dijo Hildebrant: cuando la tierra tiembla, no somos nadie.

Y entonces, no fuimos nadie. El alero de un quinto piso que me albergaba en ese momento, en un antiguo, pero dicen seguro, edificio del Centro de Lima, se movió como gelatina. Fiel a mi costumbre, traté de esperar que el temblor pase. Pero no pasaba. Me levanté a abrir la puerta de la oficina rogando que mi madre no se haya caido al correr, y que sus nervios no le hayan jugado una mala pasada, mientras el piso seguía temblando bajo el taco 5 de mis botas, que me ayudaron a pensar que en realidad no era que el piso tiemble, sino que yo no estoy hecha para los tacos “aguja”, hasta que un grito me regresó en milésimas de segundo a la realidad..

El grito era de Kristy, una de mis dos compañeras de oficina. Nerviosa, llorosa, embarazada y temblorosa se refugió entre una puerta de lunas y un enorme espejo. Cynthia y yo tuvimos trabajo para sacarla de la oficina sin darle un par de cachetadas y tratar de calmarla mientras ella lloraba y temblaba, y seguía embarazada y nerviosa. Bajé los cinco pisos rodeada de por lo menos 80 personas que le imploraban calma a Kristy, pero que en realidad parecía que se lo estaban recordando a ellos mismos en voz alta.

Al llegar al piso tres había tanto polvo como si se hubiera caido una pared en nuestras narices, pero en una rápida mirada a mi alrededor, nada se había caído, pero no pude ni percibir las máquinas cafeteras bailando lambada. Sólo el ruido y el sentido que el movimiento ya no era producto de los tacones, me inspiraban a no soltar a Kristy y seguir bajando las escaleras rápido, rápido, pero no tanto, hasta que el grito de un sujeto a quien nunca vi el rostro, me hizo correr. “Apúrate por favor”.

Llegar al primer piso sin mi celular me hizo realizar una rápida carrera ida y vuelta al 5to piso, ni bien pasado el temblor: tenía la imperiosa necesidad, como la de todos en ese preciso instante, de saber como estaba toda le gente que quiero, de saber que en casa todos estaban bien, de ver la carita inocente y seguro llorosa de mi ahijado de 5 años, que en ese momento le preguntaba a mi mamá si ella podía coger las paredes para que no vuelvan a moverse.

Y la gente se empecinaba por regresar a sus oficinas para tener todos sus cachibaches a la mano, seguro en busca de esa sensación de que todo podía ser como antes, ignorantes de la tragedia ajena, nerviosos por ignorar la suerte de su familia, necesitando saber que “gracias a Dios nada ha pasado” para uno, sin saber que mucho, o todo había pasado para muchos.

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  • Borrón sin cuenta nueva

  • Congresistas Adoptados

  • Todas las hojas son del viento

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  • Yo (digo)

    En mi DNI, aparezco como Katherine Subirana. Pero me llaman Catalina. Cata, para los amigos. Soy periodista, sanmarquina, atolondrada, terca, adicta al café y al Lucky ligth (juntos o separados) y en conflicto constante (repito, constante) con los relojes. Escribo aquí como alguna vez escribí en un block escolar y como sigo escribiendo en ocasiones en servilletas o en hojas sueltas. Digamos que escribiendo aquí colaboro con bajar los índices de tala de árboles.

  • Hojas sueltas

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