YO paro, ¿TU paras? ¿Quiénes paran?
Eran las 12 de la noche, mi carro había salido a las 10.45 p.m. de la encantadora ciudad de Trujillo, y a esa hora ya estabamos a la salida de Chimbote, cuando de pronto el carro se detuvo. Eso no suele suceder en Linea, mi transporte de confianza al norte. Me levanté del letargo que me tenía envuelta en el cable de mi mp3 y me asomé a la ventana para ver la pista llena de carrizos, piedras y pasajeros que bajaban de otros buses, que no estaban sólo desconcertados, sino también molestos.
“¿Oiga señor, que pasa?”. El chofer me miró feo, como quien dice “en que planeta vives mamita” y me dijo que me siente calladita (bueno, eso último fue comunicación no verbal) que íbamos a regresar a Chimbote porque la carretera estaba bloqueada. Avergonzada por ser la periodista más ignorante del mundo (al menos en ese momento) yo y toda mi vergüenza, volvimos al asiento 17.
Para no sentirme tan desubicada, llamé al 105, no con el afán de encontrar a alguien más desubicado que yo (que fue lo que encontré), sino para que alguien me explique por el amor de Dios o de quien sea, que estaba pasando. La respuesta final fue: “El paro pues señorita, el paro” ¿De quién? “El paro pues” Y…¿cuándo acaba? “Sabe Dios”. Ya que fue la única respuesta que pude obtener, luego que Willie me iluminó al recordarme que era el bendito paro agrario, yo y Alejandro Filio nos resignamos a tratar de dormir en medio del mal humor (en todos los sentidos) que empezaba a invadir el bus.
Lo que vino al día siguiente, intentaré resumirlo, pues no pretendo competir en extensión ni con mi buena amiga Laura, ni con mi buen amigo JAG, y con cosas menos interesantes.
7.30 Despierto en el terminal de Chimbote…bendito paro, no iré a trabajar. Pero…¿por qué el paro? Aquí la info, para quienes, como yo, olvidaron el porque, ante los titulares que acapararía el bloqueo de carreteras.
El panorama que me acompañó las siguientes dos horas y media, lo tienen al lado por cortesia de mi buen motorola W375. Cuando me levanté, pude contar 55 buses además del mío. No pude contar más porque la cola para el baño y para el teléfono parecían la cola para de entrada del concierto de Soda Stereo
9 Salida de Chimbote. Tú que dijiste, ¿ya nos fuimos? Ilusa.
11 Llegamos a Huarmey, de donde no saldríamos hasta la 1.30 a.m. (aprox). El bus entró a la cochera de un restaurant, donde no pude comer porque se acabó la comida. Mientras pugnaba por una Inca Kola (que no quiero probar en mucho tiempo) y una galleta de soda (idem), me enfrenté inevitablemente a eso que llamamos “amor en las buenas y en las malas”. Una señorita muy bien arreglada y maquillada (maestra con sus tacones…casi le pregunto como no se le corría el maquillaje, mientras yo sudaba como si estuviera entrenando), peleaba con su novio-enamorado-esposo-conviviente-yoqueseyquemeimporta porque la señorita quería chizitos, y en todo Huarmey no había chizitos…que hacer? Yo reir, su pareja sonrojarse y tratar de calmarla. Amorcito no se calmó, pero se conformó con un kekito bimbo. Felizmente.
Que el bus vuelva a entrar a la fila de carros que pugnaban por regresar a Lima, costó 14 minutos y los saludos cordiales de muchos señores camioneros a la mamá de nuestro chofer. Olvidé bajar el cargador del celular, por lo que la batería no me hizo milagros. El calor, el sentimiento de sardina enlatada y el mal humor (pésimo) que emanaba el bus, me obligaron a dormir.
15.30 Llegamos a Paramonga. Una parada de media hora en medio de la j
ungla, me ayudó a entender que la mayoría de los pasajeros no tenía idea de lo que pasaba en el paro, que pensaban que todos los que hacían paros son cholitos ignorantes y que meterles un balazo es la mejor solución. También conocí a un rastaffari que me ofreció marihuana. “Cómo puedes fumar en este calor, paso!” La señora del balazo, parece que aceptó.
16.30 Pativilca. El lugar donde mi madre tuvo un ataque de nervios y yo un arranque…de que, no lo sé. Bajé del carro, como en todas las paradas, para buscar aire puro, pero no lo encontré. Luego de discutir con una señora porque Fujimori no es mejor que Alan y porque Alan no es mejor que Fujimori (muchacha del hortelano, me dijo), emprendí mi camino en busca del primer bus de la fila. Vaya travesía.
17.30 Pativilca es muy larga! Casi media hora caminando, y aún no encuentro el primer bus. Una señora pasa a mi lado con 3 piedras enormes en las manos “Vamos a desbloquear la carretera, vamos a pasar que no nos podemos quedar aca… hombres, muévanse!!!”. Y la seguimos dos mujeres y unos 10 hombres. He caminado 15 minutos más hasta llegar al primer carro y me quedé boquiabierta: el pase ki cerraban dos camiones estacionados en sentido contrario. Mientras tanto, unas 30 personas (pasajeros) se trepaban a los cerritos con la idea de hacerle la bronca a los huelguistas. Y lo consiguieron, ante la mirada atónita, complaciente, cómoda, temerosa, de menos de una decena de policias. No sé en el resto del país, pero a la altura del puente Barranca, a quienes les faltó manos, y policías, fue a los pasajeros. Y digo “les” y no “nos” porque yo tuve que regresar mis pasos, llegando a contar 125 carros delante del mío. Yo, mis lentes, mis sandalias y mi cobardía, regresamos. Bueno, yo no quería mecharme, sólo despejar la carretera, pero desgraciadamente, a esas alturas, ambas cosas eran sinónimos. Mientras, algunas damas y caballeros hablaban de ignorancia, desarrollo, sub desarrollo y la necesidad de un Spa a su vuelta a Lima.
19.15 A punta de golpes, piedras y hasta disparos, se logró desbloquear la carretera. Golpes, piedras y palos de parte de todos los bandos involucrados. Piedras y palos que cayeron finalmente sobre todos los buses que osaron pasar el estrecho. Piedras que rompieron lunas, pero también nervios. En mi bus cayeron muchas, pero sólo se rompió una luna. Lástima que justo fue la ventana en la
que Andy, de 6 años, descansaba sobre las piernas de su madre. Luego de eso Andy no durmió, y su ataque de asma lo llevó directamente al Hospital de Supe, nuestra siguiente, y felizmente, última parada. Y bueno, cómo ya todos sabemos, los disparos, lamentablemente, también cayeron.
21.15 Llegamos a Supe. Ya no había películas que ver, el aire acondicionado ya no funcionaba, pues si estuvo prendido no me acuerdo, mi mp3 murió, no había suficiente luz para leer…lo siento mamá, volví a bajar del carro. Mientras se llevaron a Andy al hospital, intenté buscar agua…lamentablemente en Supe no había agua potable, y parece que de pronto los más de 250 carros los desabastecimos de agua mineral. Estuvimos en Supe hasta las 4 a.m. hora en la que milagrosamente volvimos a Lima. Hasta esa hora pude contemplar casi todos los aspectos de la estupidez y de la grandeza humana.
Primero la señora Ana María y el señor Godofredo: Abrieron la puerta de su casa, de su baño, de sus toneles de agua recogida y de sus 18 tomacorrientes a estos mortales que necesitaban servicios higiénicos decentes, agua, café, te, manzanilla y recargar el celular. Lástima que no faltara quien hiciera deslucir el momento volviendo a hablar del bendito spa, quitándole el control remoto al dueño de la casa, hablando de los cholos ignorantes (again), y hablando de quienes no tienen desodorante y que no huelen rico cuando sudan (sic). A la 1 me fui a dormir, le prometí a la seño Ana volver y a mi nueva amiga Susan (linda) pasarle el número del estilista que no tengo (divinos mis rulos, dice).
4 a.m. No se cómo, pero desperté para observar el triste espectáculo de la “libertad”: buses con una, dos, tres, seis ventanas rotas pugnando por (des)ordenar una fila que a paso de procesión se ponía en marcha. El camino de regreso sólo era un reguero de basura, polvo, piedras, palos, oscuridad y para mi, melancolía. Llegué a Lima a las 8 y algo más de la mañana, con la agradable sensación de haber aprendido muchísimo más de lo que esperaba durante el viaje. Sensación que lamentablemente se confundía con una profunda tristeza, porque nunca había visto tan de cerca que los peruanos sean(mos) tan egoistas…sea cual fuere el bando en el que te encuentres (bueno, felizmente con honorables excepciones como doña Ana y don Godofredo).
Ojitos limeños
César Lévano ha escrito hoy en su columna de La Primera que el gobierno aprista se vuelve a manchar de sangre atacando a pobres e indefensos comuneros. Verdad a medias profe: los campesinos no estaban sentados al lado del camino tranquilos, fumando la pipa de la paz. Los huelguistas lanzaron piedras contra los buses, lastimando incluso a niños que nada entienden aun en el problema agrario, y que a este paso, y con esas medidas de fuerza, no llegarán a entender nunca. Sin embargo, no deja de tener razón al referirse al decreto 982, (el útero lo explica - casi - todo) que “declara inimputables a los miembros de las Fuerzas Armadas y de la Policía que causen lesiones o muerte “en el cumplimiento de su deber y en uso de sus armas en forma reglamentaria.”
Después de haber visto lo que vi en Barranca (dónde se registra un muerto), cabe preguntar: ¿la incompetencia policial también es parte del cumplimiento de su deber? ¿El sacar un arma como tercer recurso, no como último? ¿No sería mejor pensar en un plan de prevención de conflictos sociales, sobretodo cuando los reclamos se tienen claros, y evitar desenfundar tantas pistolas? Ya se planteó una tregua… a ver, en que queda el acuerdo que ya está publicado en la web de Conveagro.
El policia con el que hablé al llamar al 105 me dijo: “este paro estaba programado hace 15 días” y una vez más, el gobierno no hizo NADA para prevenirlo. A esta hora, van cuatro muertos, más de 10 mil pasajeros perjudicados, más de 600 carros dañados y lamentablemente la historia sigue dando vueltas, a muy poca gente le importa lo que pasa fuera de su ombligo y el gobierno se declara (una vez más) incompetente para sus funciones. Y ahora, si el PNUD hace licitaciones, ¿también tendrá que hacer un plan para la resolución pacífica de conflictos sociales? O tal vez se lo puedan encargar a Amnistía Internacional…
El gobierno dice que el paro fue un fracaso. Probablemente sea cierto, en la medida el Ejecutivo sigue fracasando en el marketeo de una imagen de estabilidad (tal vez porque esta última no existe) y en cuanto el pueblo no le prestó la más mínima atención a las razones del paro, pues los actos de violencia redujeron la visión de todos e hicieron que las miradas se volteen a otros ángulos.
A mi me sirvió para ver más de cerca como en el Perú la expresión “conflicto social”, no la entiende ni la cuarta parte de la población civil, ni la cuarta parte de los poderes del Estado.
Como siempre, quedo con más preguntas que respuestas. Gracias por la paciencia. Y gracias Willie por la compañía virtual y por convertirte en mi agencia de noticias.
Más información: Enlace Nacional, El Comercio, La República, RPP
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