En el circo de la realidad / sólo hay reflejos de la realidad, / se desinforma de la realidad, / todo se compra, en realidad.
Mientras se crean nuevos ministerios - y los anteriores están casi casi a la deriva -, el frío aumenta exponencialmente en todo el Perú - sí, Puno otra vez jodido - y el circo previo a las elecciones municipales -el gran circo de octubre… porque los circos no sólo son en fiestas patrias, y las entradas al Circo del Sol no son precisamente las más caras que usted pagará en su vida-, las noticias del día se llaman Melcochita, Dorita y Larissa. Un circo propicio y repetitivo, aunque ahora tiene a las Fiestas Patrias de excusa.
¿Por qué Melcochita y la historia de su hija que no es su hija ha ocupado primeras planas, programación dominical, trending topic en el twitter, columnas de opinión y post de viejos bloggers?
Pasen y vean, / monstruos heridos de dos cabezas. / Ponga aquí su intimidad, hable aquí de su dolor, venda su fugacidad. / Pasen y vean, / las confundidas y los horteras. / Muestre aquí su vanidad, haga un alto en su pudor, / que mañana Dios dirá.
Se me vienen a la cabeza dos cosas:
1. que los periodistas sabemos muy bien que la gente se queja de lo que lee mientras compra el diario, o se queja de lo que ve mientras mira el dominical. entonces, supongo, se le está dando a la gente el chisme necesario de cada día. ¿aumentó la venta ese día?
2. que los periodistas nos quedamos sin ideas para sacar cualquier otro tipo de notas. disculpe la molestia, estamos trabajando. Y que la culpa es del Melcocha, por andar ventilando su vida. Caray mire usté.
¿le dimos a la gente lo que le gustaba? ¿armamos el circo?
Hace un año en el salón de clases de algún postgrado que trato de sobrellevar con dignidad, uno de mis compañeros dijo que “la gente se traga todo lo que le dan los medios. No razona”. Le pregunté si creía que la gente es estúpida, y su respuesta fue un tajante “Sí”, que causó que mi hígado procesara mis siguentes palabras más rápido que mi cerebro. “¿Tú eres estúpido?” repregunté, mientras el profesor aguantaba la risa. “Yo no, el resto”, respondió tartamudeando. “Disculpa, yo no soy estúpida. ¿Alguien en este salón se considera estúpido?”. Su respuesta fue “ustedes no, pues”. Y el profesor dio por terminada la conversación.
Perdona Melcocha, no creo que hay que ser estúpido para seguir tu vida. Tampoco creo que la gente sea estúpida. Creo que para seguir la vida privada de alguien que no tiene nada que ver conmigo, tendría que estar tremendamente ociosa, o llevar mis habilidades procrastinadoras al límite. Sorry Melcocha, no te vi. Tuve tanta chamba que tampoco te leí, y apenas vi portadas e hice zapping pensando en que no quiero ser como tú cuando sea grande, aunque me seguiré riendo [contigo, no de tí] con tus frases célebres. Ayyyyy.
Que nadie le cuente el chongo a Constanza cuando sea grande, por favor. La idea es llamar a la mala suerte, ni tentar[la] para que termina siendo otra Florcita Polo, también ilustre personaje del circo de nuestra realidad [¿?].
En el circo de la realidad / hay un desprecio por la realidad, / un desencuentro con la realidad…
[las cursivas no son mis reflexiones después de un par de chelas. Es una canción de Pedro Guerra que describe maravillosamente esta y otras situaciones tan lamentablemente cotidianas para nuestra querida prensa. Con ustedes, el circo de la realidad. La canción, digo]







