Archive for May 18th, 2009
Si te quiero es porque sos…
mi maestro. Aquel que me rescató, mi salvavidas, que me devolvió en un buzón de tiempo al mundo de las letras. Y que me hace recordar que quiero querer a alguien que sea mi amor, mi cómplice y todo, y que con los verdaderos compañeros se puede contar no hasta dos o hasta diez, sino aquellos que viven el “poder contar”. Que hay que ser feliz, aunque no se tenga permiso, porque esa es la mejor manera (o el mejor resultado) de no salvarse, aunque no lo crea todavía. Quien me enseñó a dar en ausencia de Dios (que no es mujer) todos los juramentos y las lluvias, a conjugar los hoyes, los mañanas y los ayeres, quien me ayudó a enfrentarme al espejo y firmar mi certificado de existencia.
Muchos tenemos historias con Mario Benedetti, yo tengo tantas que aburriría a quien quisiera escucharlas. Pero hay una que siempre cuento: yo no sé leer poesía, soy una taba. Le tengo a la poesía mucho miedo, respeto, temor y/o admiración, y mucho más de todo ello a los poetas. Sin embargo, uno de los pocos poetas que venció mi resistencia fue Benedetti.
Leí a Watanabe en la universidad y me gustó, pero no me le acerqué mucho. Odio a Bécquer y hay algo de Neruda que no logro cuajar en mi. Pizarnik se me acercó y sin pedirme permiso parte de ella me atrapó. Vallejo es imposible de obviar, y mencionaría un par más a quien con temor y respeto me acerqué a medias.
Pero Mario Benedetti me tomó de la mano, se ahorró los adornos, las complicaciones, las figuras raras y me llenó de la cotidianeidad que me gusta, de la que vivo o de la que quiero. Me enseñó la poesía que me gusta llamar poesía. Me llenó los días, me recorrió las venas y me acompañó la vida, en verso y en prosa, me ayuda a regresar a tierra y a volar tan lejos como mi cabecita loca me lo permite… Lo único que quería, alguna vez, era un autógrafo suyo… tal vez el autógrafo me lo dio en el 2004, cuando me hizo regresar a la vida, pero ¿qué le daría yo a cambio? Mi perpetua y rendida admiración no hubiesen alcanzado ni alcanzará nunca para decirle gracias, a ti que nunca te irás.
Con sincera admiración, y aunque no se entienda (ni yo), congoja y agradecimiento:
Kathy Subirana.







