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October 29 2008 6 Comments

Con la resaca de un concierto para no olvidar

Yo no suelo hacer cherry de mi chamba, pero después del concierto de Calamaro, y mientras aun tengo la sonrisa tatuada, la garganta inflamada y las baterías cargadas, luego de cantar, saltar, gritar, hacer 5 horas de cola, terminar con las piernas y la garganta destrozada, y gastar plata que no tenía para poder llegar a la segunda fila de VIP… se me ocurrió copiar y pegar la que escribí sobre el concierto en el blog del trabajo.

Como se desprende, soy recontra fan ( más impresiones de más fanáticos, en el blog deJorge Luis Cruz) Aunque es cierto que mucha gente estuvo más pendiente de la cámara que del concierto, creo que no fue mi caso. Tenía que tomar fotos para la chamba y muchos momentos kodak se me escaparon porque estuve más pendiente de coleccionar fotogramas en mi memoria, con canciones que son parte del soundtrack de mi vida. Ahí va.

Un concierto que se convirtió en la convención anual de fotografía digital, según el protagonista. Sucede que tras 10 años de espera, los hinchas también querían llevarse a Calamaro a casa.

“Quiero arreglar todo lo que hice mal, todo lo que escondí hasta de mí”. Cuando a las 8 p.m. sonó la primera estrofa de “El salmón“, el estadio explotó en gritos de acordes desordenados que poco a poco se pusieron a fila, siguiendo “la misma dirección, la difícil, la que usa el salmón”, y ya no volvieron a salir de sintonía. Siguiendo la dirección del ‘Comandante Porrito’, la dirección de Andrés Calamaro.

Concierto para fanáticos. 20 mil hinchas que gritaron, y adoraron a Andrés en el escenario. Que se entregaron a sus acordes con la frescura de quien acaba de despertar de un sueño. No importó esperar tres u ocho horas bajo el sol que quemó a la entrada del Monumental: tras 10 años, un par de horas no eran diferencia.

Como tampoco era diferencia gastar la plata que muchos no tenían para ir a primera fila: 300 soles (que en reventa bajaron a 150), o menos, según daba la economía, la propina, el fanatismo o la suerte (para ganarse una entrada).

Los críticos dicen que no es buen cantante; solo buen compositor. Pero ellos no estuvieron en el concierto, dónde la multitud afirmaba que aunque Andrelo tenga cada insensatez y se pueda equivocar, los presentes matarían por cinco minutos más, porque por él todos conocen el estadio Azteca, saben que Elvis está vivo y saben que decir “soy tuyo” no es lo mismo que decir que algo va a quedar adentro tuyo siempre. Liviano como la espuma de las orillas, así se deslizó el salmón en el escenario y el público en la explanada.

El viento frío se llevó una mezcla de pasiones y voces que salían de las gargantas de todos los chicos que hace mucho lo queríamos ver, con suficiente ímpetu para dejarlas inhabilitadas. Y así se fue Andrés, mientras el público juraba vivir para repetir otra vez este momento.

Prometió volver antes de que pasen 10 años otra vez. Y ese será el deseo que muchos seguirán pidiendo siempre que pasa un tren.

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