Archive for September 29th, 2008
A las teleoperadoras, con cariño
Para Lena, Karen, Xuxu, Claudia, Pao… Y claro, para la señora Charito, el señor Beretta y para la ingrata de Isabel, que ya pasó a mejor vida, es decir, a mejor puesto.
A las teleoperadoras del BCP, a las chicas que les dicen “BCP un momento” o “BCP, buenos días (tardes, noches)”, cuando usted llama a una central, que puede ser el Centro de Lima, La Molina, San Isidro, Pardo o Miraflores. A las chicas, a mis amigas, y al jefe (grande señor Beretta).
Un break a todos los procesos de adopción en los que ando metida. Hace un año, por estas fechas, estaba en el Club Las Garzas de Chorrillos, quemando mi garganta con un pisco puro que las chicas me dieron como parte de mi “ceremonia de bienvenida”, en pleno día de la teleoperadora. Porque, qué les pasa, las teleoperadoras también tienen su día!
Bueno, decía. Hace poco más de un año (marzo del 2007 para ser exacta), me quejaba en este post, de que no conseguía chamba. Estaba al borde de la desesperación: trabajo desde los 12 años, y a mis 24 (el año pasado), ver que las reservas se me acababan, como se le acaban ahora a los Estados Unidos (exageración)… pues me hicieron presa del desánimo, como a cualquier otro mortal, supongo.
A raíz de ese post, Willie me contactó para trabajar con él (y JC) en prensaperuana.com, y entonces no sólo conocí a dos de mis mejores amigos, sino que encontré prácticas, que es lo que estaba buscando. Pero (siempre hay de esos), el sueldo no me alcanzaba. Entonces… mi vocación de bruja salió a relucir cuando se hizo realidad una linea del dichoso post, que dice “Al final, alguien me dijo que el periodismo es un estilo de vida, eso es lo divertido, así termine contestando teléfonos.” Y en julio del 2007, terminé contestando teléfonos en el BCP.
Claro, al principio me sentía morir… como dicen todos mis jefes, yo no he nacido para estar sentada. Me encanta ir de comisión, estar mucho tiempo en el escritorio me aburre. Y estar 6 horas diarias diciendo “BCP buenas tardes” no era precisamente mi idea de felicidad. En realidad tomé el trabajo porque necesitaba el dinero, y el medio tiempo para poder terminar la universidad tranquila (como casi todas las chicas con las que trabajé). Además, el tener un sueldo decente, me permitía darme el gusto de hacer otras cosas que me gustaban, o al menos tratar de hacelas.
Tengo que admitir que acostumbrarme al ritmo fue complicado, sobre todo porque me sentía super desubicada. Al principio. No voy a hacerla larga, ni contar todo lo que pasó en el gallinero (así le decíamos a la oficina del Centro de Lima), porque, like at Green Mile, lo que pasa en el gallinero, se queda en el gallinero. Pero sí, tengo que reconocer que aprendí un montón: Nunca más llegar tarde a la chamba, nunca más etiquetar a las personas, y recuperar del desván el significado real de la frase “de todo se aprende”.
Creo que en el banco terminé de aterrizar a la realidad, o al menos hice mi mejor intento. La realidad no sólo estaba en Sicuani o en El Agustino (lugares que me cambiaron la vida) . Yo también tenía una realidad que afrontar, en la que tenía que trabajar en algo que no me llenaba, pero me sostenía, y eran 22 chicas más, 22 compañeras que tenían ese mismo problema. Que se acabó la mamadera en casa y tenían (mos) hasta dos trabajos (el que te da de comer y el que te gusta, hasta que puedas vivir del que te gusta), que estudiábamos y que queríamos cambiar el mundo o al menos cambiar nuestro mundo, mientras mirábamos por la ventana como pasaba el tiempo, durmiendo poco, escapando entre turnos, aprovechando horas para hacer trabajos… mientras nos turnábamos para poner la música que más (o menos) nos gustaba. Y las escapadas al Munich los viernes con mi querida petit.
Mi despedida fue el día de la fiesta del banco.

Ese día, salí llorando, pues el jefe me hizo llorar al darme su bendición. Aun voy a visitar de vez en cuando a las chicas, pues estoy cerca (trabajaba en el BCP de Lampa). Recuerdo que los últimos días de chamba, Lena me decía, “ya vete, tu chamba de a deveritas te espera a dos cuadras”. Bueno, ahora, a dos cuadras, pero en sentido contrario, a veces me esperan, pero (como dice otra vez Lena) sólo de visita .







