¿Aborte a su congresista?

Anoche llegaba a mi casa muerta de sueño, cuando un sobre dónde se lee “Congreso de la República” me hizo abrir mis ojitos color pepita de níspero de par en par… entonces sonreía. No, no es que esperara que mis congresistas adoptadas me envíen sus datos operativos, pero el sólo hecho de ver el sobre en mi escritorio me emocionó.

Y bueno… la respuesta, la esperada:

Dos cosas: Primero, a quien haya ido a dejar la carta a mi casa, la próxima vez tenga la amabilidad de no levantarle la voz a mi señora madre, porque mi dirección yo la envié bien escrita, como tengo registrado en el cargo, y no es mi culpa que no hayan podido hacer una sencilla transcripción y por lo tanto esté mal consignada en la carta de respuesta… motivo por el cual se perdieron para llegar a mi casa. Y menos culpa de mi madre, que apenas ayer se enteró de este rollo.

Y Segundo… señor Velásquez Quesquen (a quien escuché en RPP): los bloggers no queremos ser contralores. Yo soy periodista, y sobre todo ciudadana. Qué están entendiendo ustedes por ejercicio de la ciudadanía… es otro rollo. Por otro lado, tal vez se están dejando llevar por los nombres de nuestros blogs, algunos bastante más pintorescos que otros. Pero como dijo Willie, en las cartas enviadas firmamos con nombre, apellido y DNI. No estábamos bromeando con nuestra cartita. Broma es la que nos están jugando ustedes al olvidarse que, si bien el blog es nuestra cyber-tribuna, nosotros somos de carne y hueso. Con deberes y derechos (bla, bla, bla) y todo lo que bien dice nuestra sacrosanta Constitución, esa de la que muchos de ustedes tanto verborrean.

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6 Responses to “¿Aborte a su congresista?”

  1. [...] comprensible indignación de ciudadanos que pidieron información: William Vásquez, Katherine Subirana, Pamela Acosta, Marco Sifuentes. [...]

  2. Leo que muchos de los comentarios se encuentran entrelazados; sin embargo, el mensaje es el mismo: Sólo se está exigiendo el cumplimiento de un derecho del ciudadano. En este caso es casi unánime la posición de los comentaristas y, podría decirse, representan a cada uno de nosotros, quienes no necesariamente tenemos porqué crear un blog para saturar este buen sistema de comunicación.
    Ciudadanos, no dejemos que posiciones como la de la Cabanillas prevalezca, pues, sospechosamente se parece al ambiente congresal que dio paso al tristemente célebre término “disolver”, que parece que los apristas están pidiendo a gritos, pues a falta de argumentos acuden a las actitudes autoritarias y bufalescas que siempre los caracterizó. Ellos deben presentar sus cuentas. Son los informes de auditoría los reservados. Lástima de esta Contraloría buena para nada. Es antiguo que la administración del Congreso dijo que ésta se queda con las fotostáticas y devuelven las boletas o comprobantes de los gastos “operativos”. Al parecer estos funcionarios son tan poco calificados como los asesores fantasmas. Vistos los “comprobantes” del Comepollos, esos papeles ni tien siquiera un sello o un check de haber sido procesados por el área de Caja o Tesorería del Congreso, propiciando el carrousel.
    Hace rato Contraloría pudo haber concluido su acción de control, con el informe final de que es imposible determinar la razonabilidad de los usos de los dineros asignados a los congresistas, pues no existen comprobantes sustentatorios (Las copias fotostáticas no sirven, no son evidencia).
    Disculpen que solo me quede con una frase final: ¡Qué asco!

  3. El polémico Jürgen Habermas dijo hace muchos años, en Facticidad y validez, que en una democracia representativa lo moral no tiene que ver con lo legal.

    Te respondieron por lo legal y justo dentro del plazo para evitar el silencio administrativo. Quien te respondió lo hizo para evitar cometer una falta grave, no porque le importe (aún si le importara, eso no tiene que importarnos, la racionalidad del Estado es instrumental). Y su lógica es legalmente correcta: no hay acceso a información de una institución, estamento o dirección del Estado mientras éste sufra un proceso de auditoría. Legalmente, no pueden mostrar sus cuentas, lo cual les es un alivio. Lo legal no siempre es correcto moralmente y las respuestas matonescas son solo la punta del iceberg.

    Lo legal también permite que un personaje con acusaciones que prescribieron pueda ser Presidente de la República, que un marino con acusaciones de violación de derechos humanos sea vicepresidente (igual que el presidente) aunque ese tipo de delitos nunca prescriban. Lo legal permite al Estado decretar estados de emergencia cuando le dé la gana, a las municipalidades realizar obras públicas sin consultar con nadie, a las empresas de transporte escoger sus rutas y transitar como serpientes devorando el orden urbano, a los ministerios gastar menos de la mitad de su presupuesto (con malversación y todo) y encima se busca que las empresas no deliberen sobre la explotación de recursos naturales con las comunidades donde estos se encuentren.

    La legalidad está a medias tintas; las empresas informales, piratería incluida, son la clave de la economía nacional y puntos de fuga para evitar un desborde incontrolable. Por ello la ley no se cumple y no se les fiscaliza o elimina.

    Y un detalle curioso: los jesuitas legalemente están expulsados del Perú por una ley de hace siglo y medio -ratificación de una también incumplida norma colonial- que no ha sido derogada. El porcentaje de leyes absurdas e inútiles o que no se cumplen, es altísimo. Los rompemuelles, rejas y playas privadas son ilegales y ciertas veces son las municipalidades las que los construyen.

    Es un error creer que las leyes en el Perú son maravillosas y nadie las cumple. Si nadie las cumple es que están mal hechas. Frente a la legalidad, tenemos el mundo de Ricardo Palma, donde la identidad colectiva y la ciudadanía está en ser ociosos, amantes de la jarana y trasgresores de la norma. Fuera de la falacia de una legalidad en la que pocos creen, la norma verdaderamente acatada es romper la legalidad, lo que permite que el orden imperante de oligarquía y explotación se mantenga. La respuesta común es la risa del cínico frente a una realidad trágica, que aparece como inmutable y frente a la cual el cínico asiste gozoso aunque eso sea su ruina.

    Viene bien gente como ustedes y sus lectores, que no ríe y exige cambios. Eso sí, la legalidad tal como está responderá en su lógica y no con una moral de concenso.

    Hiper P.S.: Cada persona tiene derecho a reclamar información sobre el uso de sus impuestos, mejor aún si es una propuesta colectiva, que tenga mayor representatividad. También viene bien reclamarnos un poco de información sobre y para aquellos millones que no saben leer en Internet (o leer a secas).

    No voté por ella ni por nadie, pero Hilaria Supa no es un otorongo común. Captada por un partido político, es una ex ambulante y trabajadora del hogar a la que nunca se le permitió la educación. Jamás se sentó en un salón de clases. Sin idealizar a nadie, estos son solo datos, ha trabajado como dirigenta allá en las provincias bajas de Cusco, haciendo frente a Sendero Luminoso, el Ejército peruano y las campañas de esterilización forzada de Fujimori a las cuales denunció. Organizó un campeonato de mujeres futbolistas allá donde el Internet era una fantasía de alcohol y quizá aún se le vea con ojos asombrados de resaca. Reclamémonos el derecho a la información con esos también ciudadanos. Sin ascesis de Internet dentro del mismo marco limitado, hay vida fuera de los chips de silicio, la banda ancha, el WiFi y las salas de chat sin olor.

    Tampoco idealizando a Habermas, una democracia deliberativa es más interesante, donde colectividades organizadas participen en tomas de decisiones no a través de un abstracto voto, sino conversando hasta llegar a un concenso. Nuestra sociedad atomizada no deja mucho lugar para la esperanza, pero sin ella qué más queda.

  4. Como dirian: QUE BUENA RAZA, que tal ostra, por eso estamos como estamos…quien dice que el Peru avanza, avanza si, pero en sentido contrario al cambio positivo

  5. Hola compañera sanmarquina:
    Si te pones a pensar, la única vez en la que los congresistas nos consideran ciudadanos es en época de elecciones, ahí si que somos dignos de pedirles cuentas y de llegar a sus oficinas y tratarlos de tú a tú.
    Cuando llegan al Congreso se dan cuenta de que todos nosotros somos indignos de dirigirles la palabra… Como dicen, la vaca no se acuerda cuando fue ternera.
    Yo me opongo a que se quiera llamar a la campana Adopta un Congresista, Adopta un Otorongo. ¿Qué culpa tienen los otorongos?
    Hemos sido testigos de los argumentos de los congresistas para no dar cuenta de sus gastos operativos. ¿Nuestros derechos? A ellos les importan un soberano rábano. Derechos, sólo los tienen ellos. Deberes, sólo nosotros.
    Pero sería bonito hacer algo por nosotros mismos, como sociedad civil, por ello este naufrago lanza desde su pequeñito blog una campaña aún más soñadora, “Un Día sin Políticos”… Campaña ecológica y de buenas costumbres, he de decir.
    Si comienza a prosperar será otra campaña de bloggers, esos malditos sujetos que dicen lo que les da la gana y que nadie controla (cómo serán de predecibles los políticos en sus argumentos, ¿no?).
    ¿Sabes? Esa gente debería agradecer que aún nos preocupemos por ellos después de todo lo que hacen y dejan de hacer.
    Gustavo Mayta Anselmi

  6. hola lei tu post, y ante todo dejo mi nombre real ya que todos lo piden, para que sepan los Srs Congresistas que somos de carne y hueso, y con DNI y repito con Documento de Identidad Nacional peruano. pero que CON….siencia la de estos comechados, pero te dire que a mi tambien me paso lo mismo, y parece que van a seguir poniendo resistencia a este tema,osea no nos van a dar nada, bueno por mi parte mi hijastra es Martha Moyano, y seguire detras de sus pasos. bueno tendre que rebuscar bien, porque es la unica congresista dentro de la web del congraso que no tiene un curriculum vitae, imaginense, a este paso los proximos en las curules seran Melcochita, Tongo y repitiendo el plato Susy diaz agg!!

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    En mi DNI, aparezco como Katherine Subirana. Pero me llaman Catalina. Cata, para los amigos. Soy periodista, sanmarquina, atolondrada, terca, adicta al café y al Lucky ligth (juntos o separados) y en conflicto constante (repito, constante) con los relojes. Escribo aquí como alguna vez escribí en un block escolar y como sigo escribiendo en ocasiones en servilletas o en hojas sueltas. Digamos que escribiendo aquí colaboro con bajar los índices de tala de árboles.

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