De cuando la novia vagaba por las pampas
Hace unas cuantas semanas tenía muchas ganas de ver Una Novia Errante, que el CCPUCP tiene programada, por el momento, hasta la semana que viene. Y me quité el clavo esta noche, no sin cierta desazón.
Ana Katz protagoniza, dirige y produce esta película que fue bastante elogiada en San Sebastian y en Cannes el año pasado, y que además, tiene muy buenos comentarios. Pero bueno, no siempre se puede estar de acuerdo con la crítica, felizmente. A mi la película me dejó cierta desazón. Ojo, no por la actuación de Katz, que me parece impecable, sino porque la historia tiene puntos en los que decae y algunas escenas pueden tornarse pesadas, como el paseo al bosque de Inés y Germán.
Y es eso creo lo que me desencantó: los personajes secundarios, a excepción de Miguel y el sujeto del locutorio, no están a la altura de Katz, las relaciones entre ellos se tornan aburridas, pesadas y no ayudan a la historia. Aunque si la idea era aumentar la sensación de vacío…no, ni así. Eso si, los escenarios, bastante buenos.
Y dice así
Katz es Inés, la protagonista, que está viajando con su novio, Miguel, a pasar su aniversario en Mar de las Pampas. Sin embargo, en medio del viaje Inés y Miguel tendrán una fuerte discusión, que acabará en la “huida” del novio: al llegar al paradero, Inés baja del bus y Miguel no. Inés primero piensa que se trató de un descuido de Miguel, luego contempla la posibilidad de un accidente, hasta que finalmente corrobora que el novio no bajó porque no le dio la gana.
Me encanta la actuación de Katz porque casi puede uno sentir en el estómago ese desgarramiento muscular que ataca cuando “se rompe un corazón” (en realidad se rompen las tripas, nunca entenderé esta frase…el corazón se acelera pero nada como el dolor de tripas en estas situaciones). Y frente al teléfono, conteste o no Miguel, Inés es la perfecta muestra de la mujer (latinoamericana, sobre todo), que presa totalmente de sus afectos llora, cuelga, vuelve a llamar, perdona, comprende, grita, y se revuelca en la desesperación que sume al ser humano frente al vacío que deja una ruptura-desilusión intempestiva.
Vacía ante la inmensidad del oceano, vacía ante la inmensidad de los bosques que la rodean. Vacía frente a los extraños que la rodean. Y es eso lo que no me llega a convencer de la película: el desarrollo de los papeles e historias de los personajes secundarios. Hasta el encuentro de Inés con su hermana Tati y su padre. Creo esta escena sólo se justifica en el chapuzón, y en la invitación corpórea de Tati a Inés, a sumergirse bajo las olas, que es casi casi una invitación para volver “a la vida”.
Más información: Cinencuentro, Espectadores
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