Lo que el terremoto (me) siguió dejando
Otro aspecto interesante que el terremoto dejó a la vista es la facilidad con la que se habla de los problemas del otro, sin tener la más mínima idea de quién es ese otro. Y esto llegó a las primeras planas gracias a la performance de Rafael Rey y su “Pisco 7.9″. Probablemente no sólo pasará a la historia como un caso digno de analizar en las clases de publicidad de toda universidad e instituto, sino también como una muestra de que es fácil hablar de “desarrollo social”, tomando un buen pisco sour en el Mauri, por decirlo de alguna manera.
Ni Alan García podía creer la patinada del señor Rey, quien reaccionó presentándose a la defensiva en Prensa Libre, con un archivo del “masivo rebote internacional” del tema, y una crítica a la respuesta de la prensa nacional.
Se nota señor Rey, que a usted no se le rompió ni una copa de la vitrina (ojo, tampoco se lo deseo), y que sus buenas intenciones pasaran a la historia como otro tonto chiste cruel de salón, comparable con una estupidez del calibre de “el juego favorito de los niños de San Juan de Dios es los transformers” o alguna pachotada similar. Pregunto ¿sabe el gobierno, para quiénes (y con quiénes) gobierna?
Aquí viene a cuenta la columna de Hildebrant (citada en el post anterior), con dos lecturas. La primera, es una pregunta lanzada por un amigo hace unos días y que no he podido terminar de responder (ni para él, ni para mi). Todo este derroche de solidaridad, loable y necesario en este tiempo, ¿no está permitiendo que siga escondida, de alguna manera la irresponsabilidad del gobierno y su poca capacidad de respuesta o de planificación ante situaciones de emergencia de cualquier índole? Mi respuesta quedó en que “puede ser, pero hay responsabilidades que la sociedad civil también tiene que asumir”. ¿Tal vez alguna de esas responsabilidades tenga que ver con exigir y proponer programas preventivos eficaces?
La segunda lectura, y que va justamente por el lado que Hildebrant plantea es sencilla, y que releyendo el rollo de las piletas castañedinas entendí mejor. Con o sin terremoto, hay un gran porcentaje de peruanos que a diario se muere de hambre, y que si el día del terremoto, el epicentro se hallaba no en el mar, sino a media cuadra de su casa, lo único que habrían tenido que salvaguardar era su vida y la de sus familias. Porque no tienen luz o agua para que se corte, o teléfono para que se sature la línea. Y es que al contrario de lo que piensa el presidente García, que haya aumentado el número de celulares per cápita, no quiere decir que la calidad de vida de muchos esté mejorando.
Aquí entra a tallar, como bonito ejemplo, las aguas castañedinas. Un caso en el que el gasto resulta realmente innecesario: un aporte decorativo, para “mejorar” la calidad de vida de quienes podemos pagar los S/.4 de la entrada y que al día siguiente podemos pagar las medicinas contra la gripe que tendremos que tomar luego de jugar en las piletas. Los trece millones, que como recordó Manuel, Castañeda pidió para “invertir en los pobres”, se hacen agua, en lugar de invertir en mejorar la calidad de vida de quienes no conocen lo que es calidad, o tratan de sobrellevar lo que es vida.
¿Qué más me dejó el terremoto? Mucha desazón, y el recuerdo de la angustia que tuve al bajar del carro en pleno apagón, que me hizo correr a casa para abrazar a mi ahijado que minutos antes me había rogado por teléfono (milagro de Claro) que regrese antes que se mueva todo otra vez. Angustia que sé que no puedo compararla a la de quienes no tuvieron en ese momento casa a la cual regresar, ni sobrinos, madre, o hermanos que abrazar. Apagón, corte de agua, la mitad del barrio con maleta en la puerta y niños en brazos envueltos en frazadas, los audífonos del diskman llevando a mis oidos la desgracia vía RPP, la idea de que al día siguiente debía agarrar mi mochila y mandar al diablo el trabajo y enlistarme de voluntaria (como en los viejos tiempos)… y nada, por fin, me voy de voluntaria el fin de semana. Más vale tarde que nunca (¿pueden tomar nota Castañeda, García, Reyes, etc., etc., etc?)
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