Archive for September 10th, 2007

September 10 2007 2 Comments

Lo que el terremoto (me) siguió dejando

Otro aspecto interesante que el terremoto dejó a la vista es la facilidad con la que se habla de los problemas del otro, sin tener la más mínima idea de quién es ese otro. Y esto llegó a las primeras planas gracias a la performance de Rafael Rey y su “Pisco 7.9″. Probablemente no sólo pasará a la historia como un caso digno de analizar en las clases de publicidad de toda universidad e instituto, sino también como una muestra de que es fácil hablar de “desarrollo social”, tomando un buen pisco sour en el Mauri, por decirlo de alguna manera.

Ni Alan García podía creer la patinada del señor Rey, quien reaccionó presentándose a la defensiva en Prensa Libre, con un archivo del “masivo rebote internacional” del tema, y una crítica a la respuesta de la prensa nacional.

Se nota señor Rey, que a usted no se le rompió ni una copa de la vitrina (ojo, tampoco se lo deseo), y que sus buenas intenciones pasaran a la historia como otro tonto chiste cruel de salón, comparable con una estupidez del calibre de “el juego favorito de los niños de San Juan de Dios es los transformers” o alguna pachotada similar. Pregunto ¿sabe el gobierno, para quiénes (y con quiénes) gobierna?

Aquí viene a cuenta la columna de Hildebrant (citada en el post anterior), con dos lecturas. La primera, es una pregunta lanzada por un amigo hace unos días y que no he podido terminar de responder (ni para él, ni para mi). Todo este derroche de solidaridad, loable y necesario en este tiempo, ¿no está permitiendo que siga escondida, de alguna manera la irresponsabilidad del gobierno y su poca capacidad de respuesta o de planificación ante situaciones de emergencia de cualquier índole? Mi respuesta quedó en que “puede ser, pero hay responsabilidades que la sociedad civil también tiene que asumir”. ¿Tal vez alguna de esas responsabilidades tenga que ver con exigir y proponer programas preventivos eficaces?

La segunda lectura, y que va justamente por el lado que Hildebrant plantea es sencilla, y que releyendo el rollo de las piletas castañedinas entendí mejor. Con o sin terremoto, hay un gran porcentaje de peruanos que a diario se muere de hambre, y que si el día del terremoto, el epicentro se hallaba no en el mar, sino a media cuadra de su casa, lo único que habrían tenido que salvaguardar era su vida y la de sus familias. Porque no tienen luz o agua para que se corte, o teléfono para que se sature la línea. Y es que al contrario de lo que piensa el presidente García, que haya aumentado el número de celulares per cápita, no quiere decir que la calidad de vida de muchos esté mejorando.

Aquí entra a tallar, como bonito ejemplo, las aguas castañedinas. Un caso en el que el gasto resulta realmente innecesario: un aporte decorativo, para “mejorar” la calidad de vida de quienes podemos pagar los S/.4 de la entrada y que al día siguiente podemos pagar las medicinas contra la gripe que tendremos que tomar luego de jugar en las piletas. Los trece millones, que como recordó Manuel, Castañeda pidió para “invertir en los pobres”, se hacen agua, en lugar de invertir en mejorar la calidad de vida de quienes no conocen lo que es calidad, o tratan de sobrellevar lo que es vida.

¿Qué más me dejó el terremoto? Mucha desazón, y el recuerdo de la angustia que tuve al bajar del carro en pleno apagón, que me hizo correr a casa para abrazar a mi ahijado que minutos antes me había rogado por teléfono (milagro de Claro) que regrese antes que se mueva todo otra vez. Angustia que sé que no puedo compararla a la de quienes no tuvieron en ese momento casa a la cual regresar, ni sobrinos, madre, o hermanos que abrazar. Apagón, corte de agua, la mitad del barrio con maleta en la puerta y niños en brazos envueltos en frazadas, los audífonos del diskman llevando a mis oidos la desgracia vía RPP, la idea de que al día siguiente debía agarrar mi mochila y mandar al diablo el trabajo y enlistarme de voluntaria (como en los viejos tiempos)… y nada, por fin, me voy de voluntaria el fin de semana. Más vale tarde que nunca (¿pueden tomar nota Castañeda, García, Reyes, etc., etc., etc?)

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September 10 2007 No Comment

Lo que el terremoto (me) fue dejando…

Ha pasado casi un mes del terremoto, y leer vía La República lo que le sucedió a nuestro Premier en Pisco, así como el recuerdo de esta columna de Hildebrant, que se fue macerando en mis neuronas, y que cobró más sentido mientras más nos alejábamos del 15 de agosto, me hizo retomar en este espacio mis ocurrencias post telúricas. Es obvio que luego de la catástrofe, podemos leer abiertamente o entre líneas, cosas muy interesantes acerca del carácter de los gobernantes y la sociedad civil y sacar varias lecciones que no deberían quedar, como siempre, sin aprender.

Por ejemplo, que la prevención , como la define la RAE (Prevención: Preparación y disposición que se hace anticipadamente para evitar un riesgo o ejecutar algo), es una palabra desconocida en nuestro vocabulario. El 15 de agosto demostró que todos habíamos olvidado esas 9 letras, además de olvidar que nuestro país está en zona sísmica y que a la impredecible naturaleza no se le puede retar (aunque Alan opine lo contrario). Prevención en torno a desastres naturales no hay, y particularmente creo que el Preven no tiene nada que ver en esto, al menos no un Preven a lo Pandolfi ni a lo Levi.

Me pregunto entonces, ¿hay prevención en otros niveles? Más allá de programas de “planificación plamiliar” y del ahora programa para fumadores, que según entendí en el reportaje de Cuarto Poder, es para prevenir a los viciosos del cigarrillo, del cáncer o enfermedades cardo respiratorias. ¿Dentro de las de cada sector que el Ejecutivo administra, hay un programa de prevención ante situaciones extremas específicas?

Esta pregunta me da a grosso modo, un balance negativo. Por ejemplo, ante los resultados vistos hace poco del programa de Tolerancia Cero, llevado con toda la buena voluntad del mundo, pero que resulta poco más que insuficiente. Así mismo, por el problema de la comunicación telefónica del día 15, donde ni el Estado ni Telefónica quieren reconocer que nadie había previsto la necesidad de una linea alternativa en caso de emergencia.

Entiendo que a ningún ser humano le es fácil reconocer sus errores, menos aún sometido a la presión mediática, pero quienes manejan el poder (político, económico, ambos o el que fuere), necesitan entender la necesidad que tiene el país de algunos pequeños reconocimientos.

Lo que el presidente no debe volver a hacer nunca: no debe “retar a la naturaleza”, ni salir a lanzar discursos sobre situaciones que desconoce, ni pedir que todo aquel que vaya a ayudar, llame a todas las cámaras de televisión (Ong’s, empresas privadas). No todo lo bueno sucede ante cámaras, señor García. Sino, recuerde lo que le pasó a Laura Bozzo, o lo que suele pasar con Magaly Tv.

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