También la tierra del equipo de fútbol que siempre es la cola en cualquier campeonato, eliminatoria, amistoso o lo que fuere. Perder contra Venezuela sería peor que perder frente al equipo de sub 14 del campeonato de mi barrio. Bueno, esa es la idea que tengo de Venezuela. Y como no conozco, si alguien me dice que no es así, no es mi culpa, es la imágen que venden al exterior. Si ocasiona algún disgusto, recomiendo que hablen con una buena consultora en márketing, imagen, publicidad, etc.
Al punto. Esta Copa no me emociona tanto como normalmente solía hacerlo. ¿Será por la tensión de la tesis? ¿Será que le acabé de perder la fe a la selección de mayores? ¿Serán las fases luna? ¿Será que ya tengo mi guacamaya? No lo sé, tal vez necesito que empiece para sacar mi gorrito de bufón blanquirrojo y empezar a llamar a mis amigos para gritar goles realizados o por realizar, reales o imaginarios. Para gritar los goles concretos y los goles deseados. Para apoyar a la selección con las frases más sublimes y las más perversas. Para dejar un ratito de hablar de Venezuela con todos los órganos, encabezados por el hígado y las tripas, y hablar de ella sólo con el corazón. (tampoco, tampoco…)
Mientras espero que me llegue la emoción por la redonda y por los once peruanos, que en realidad son más de 20, que la defenderán y harán lo posible (eso dicen y eso espero), por reventar los arcos rivales, o sólo por traspasar la linea blanca que se pinta en ellos, sigo leyendo El Bocón y El Comercio. (Sorry Miguel, me gustó la foto y me la “piratié”, pero conste que estoy diciendo que la saqué del Blog de la Copa, de El Comercio). Decía, ahí tienen artículos, mucho mejores sin duda, de la Copa. Ahí y en El Bocón. Sin subjetividades, de veritas, de veritas.
Más información: al Fondo del vaso, crónicas del fútbol peruano








