De cuando el fútbol nos ayudó a volver a creer
Tengo que reconocer que hace casi dos meses, cuando la selección sub 17 le ganó a Brasil en un lindo y memorable 2 - 1, me empezó a interesar de sobremanera el futuro de estos muchachitos, y les auguré, desde mi modesto televisor en la sala de mi casa, una campaña buena, mejor que las que nos venía presentando nuestra selección de mayores desde hace más de dos décadas.La crónica de Marith Aguilar publicada en el diario El Bocón y en el blog Cierre de Edición, tiene la clara intención de arrancarnos la lágrima que seguramente a ella le arrancaron los muchachos. Y es que esta vez podemos creer que los muchachos no se conforman, que se levantan, que aguantan dos goleadas y no se caen. Que ellos son la muestra de un país que quiere seguir creyendo, que quiere volver a creer.
Son múltiples los homenajes recibidos y no es para menos: el Perú en pleno se encuentra entre la sorpresa y la fascinación que nos produce ese juego en el que 11 personas luchan por dominar una redonda. La recomendación de que la fama no se les suba a la cabeza es casi un clamor popular. La recomendación de que se la jueguen por la redonda es una letanía. Y esa redonda exige esfuerzo y sacrificio como todo en esta vida, la redonda pide ser llevada a todos lados, pero ser llevada bien. La redonda pide a quien la lleva que no se quede mirándola sólo a ella, sino que con ella mire un mundo de posibilidades. La redonda nos llama, nos congrega y esos muchachos de la mano de Juan José Oré supieron llevarnos con la redonda, a compartir su gloria. Profesor Oré, La Torre, Manco, Hermoza, Hernández, Salazar, Duarte y compañía…Gracias.












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