Cuando la esperanza crema renació de las cenizas

Y entonces, los deseos de año nuevo de todos los cremas de corazón, se cumplieron. La esperanza con la que las uvas entraban a la boca de miles de hinchas a las 00 horas del 1 de enero del 2007, llevando la consigna “que el gordo se vaya de la U”, se tradujeron en una realidad innegable: Gino Pinasco es el nuevo presidente de Universitario de Deportes, tras vencer por 1.259 votos contra 618 a Fernando Cochella, el “testaferro caleta” del ahora pasado oscuro del club crema (entiéndase, Alfredo Gonzáles).
Casi puedo decir, que la U ganó su más importante partido: contra la corrupción. Y se liberó de una cabeza corrupta y podrida, que sin embargo dudo que se de por vencida tan fácilmente. Sí señor Gino Pinasco, no creemos que usted sea Dios, pero confiamos en los nuevos tiempos. Una impecable crónica publicada por Miguel Villegas en el diario El Comercio, da cuenta que a pesar de la tensión previa, el clima fue sumamente esperanzador para muchos, y (felizmente) mortífero para otros.
Así es la vida: No hay mal que dure cien años, ni cuerpo que lo resista, y el deporte peruano ya merecía librarse de tanto mal producido por ese cuerpo gordo y sinvergüenza en extremos impensables. Así como hace años algún despistado comentarista agradecía a Dios y a Alfredo Gonzáles por “sus esfuerzos” para que la U logre un tricampeonato, ahora podemos agradecerle a Dios que Alfredo Gonzáles no se haya quedado, a pesar de sus esfuerzos, a la cabeza de la U.
Salud por nuevos tiempos para la U y para el fútbol peruano, pues como dice Álvarez Rodrich, el fútbol no es lo mismo con una ‘U’ de capa caída.

Como no decir con más convicción que la de siempre ¡Y DALE U!

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    En mi DNI, aparezco como Katherine Subirana. Pero me llaman Catalina. Cata, para los amigos. Soy periodista, sanmarquina, atolondrada, terca, adicta al café y al Lucky ligth (juntos o separados) y en conflicto constante (repito, constante) con los relojes. Escribo aquí como alguna vez escribí en un block escolar y como sigo escribiendo en ocasiones en servilletas o en hojas sueltas. Digamos que escribiendo aquí colaboro con bajar los índices de tala de árboles.

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