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February 08 2007 No Comment

Educación: divino tesoro

Dicen que quien tiene una buena educación ya tiene asegurada buena parte de su vida. Dicen. ¿Pero que significa verdaderamente para nosotros tener una buena educación? Mejores maestros, mejores aulas, mejor plan educativo, mayor presupuesto. Que papá gobierno se acuerde realmente que la educación vale su peso en oro, y que nos engría un poquito, porque valgan verdades lo merecemos. Sin embargo, dejando el chupón de lado, ¿dónde está la labor educativa de los padres que reclaman más horas de clase?
La educación es un proceso caracterizado, creo yo, por su integralidad: al referirnos a las horas de clase extra, textos escolares BBB (buenos, bonitos y baratos) e infraestructura adecuada, estamos pretendiendo asegurar una instrucción adecuada, un poco más allá de lo elemental. Al pedir mejores profesores y la participación activa de la familia en el desarrollo del educando, y complementarlo con lo anterior, se está hablando de una educación buena, que pone cimientos sólidos, que enriquece.
¿Bonito no? Es cierto que muchas veces escapa de nuestras manos la calidad de la instrucción impartida, pero al menos un poquito de la responsabilidad de esa educación a la que me refiero, es responsabilidad nuestra. Sino, ¿de quien?
Estamos a menos de un mes del retorno a clases de cientos, miles o millones de escolares y universitarios. A menos de un mes de presenciar nuevos infartos paternos gracias a las menudas listas escolares, donde uno se pregunta en que planeta viven los (as) directores y maestros, la situación educativa sigue siendo una papa caliente, aún después de la penosa y escandalosa evaluación docente.
Papa caliente en las escuelas primarias y secundarias. Papa caliente en las universidades (ojo, en San Marcos ya se estudia casi gratis. Me pregunto con que ánimo se reclamaran mejoras)
Padres, maestros, alumnos y papá gobierno. Entre ellos siempre hay una tendencia de pasarse la papa caliente de mano en mano, cual velita del comercial navideño de América tv, sólo que sin tanta alegría, pero con la misma alharaca. Sin embargo, por alguna razón, confío en las manos del ministro Chang una evaluación decent, y sobretodo que siga haciendose cargo de la papa caliente, la cual hasta ahora no ha soltado. Grata sorpresa. Aún así, unos buenos guantes, y una ayudita de quienes son sus amigos (así no lo sean, convendría que por ejemplo el SUTEP se decuenta que estamos en el 2007), no le caería mal.