Al maestro, con cariño

Desde que leí Los cínicos no sirven para este oficiodel maestro Ryszard Kapuscinski, tengo la idea firme de que todos aquellos que quieran seguir los pasos de la noticia por el resto de sus días, tienen que leerlo de forma obligatoria. Así, definitivamente te convences de si ser periodista es lo que quieres para morir en paz con tu conciencia.

Es extraordinaria y admirable la forma en la que Kapuscinski presenta la profesión periodística. Una dimensión casi desconocida hoy para muchos, o si conocida, guardada en algún baúl (para muchos): presenta el lado humano del periodismo, y del periodista. Ese lado humano que no tiene que arrancar lágrimas para subir las ventas, sino aquel que verdaderamente entiende que hay un otro, hay otra persona afuera que necesita ser escuchada, y que dándole voz a esa(s) persona(s) se puede construir una gran historia. En el libro mencionado (Los cínicos…), se lee apretadamente una pequeña parte de su maravillosa experiencia en África, continente que inspiró casi toda su prolija bibliografía, pero no a modo de relato, pues es una recopilación de distintas conferencias que el maestro brindara.

El título del libro justamente parte de las preguntas de un estudiante: “¿Hay que ser muy cínicos para ejercer el periodismo?“. Imagino la cara de desconcierto de Kapuscinski. Desconcierto antes que indignación, para un periodista que en sus viajes trabajaba doble: hacía el trabajo que le pedía el medio en el que trabajaba, es decir, el que le daba para comer, y por otro lado, el trabajo que necesitaba para vivir. Y para vivir necesitaba contar su verdad, lo que su visión y su convivencia con el otro le regalaban, lo que su sensibilidad le dicataba, lo que su cabeza, su corazón y su estómago necesitaban expulsar a través de sus dedos.

La pasión de este hombre por su profesión parecía inagotable. Tanto, que a pesar de su muerte acaecida hace un par de días, es innegable que ésta seguirá destilando a borbotones al voltear las páginas de sus libros. Al final, quien puede culparlo de simplemente haber creído en lo que hacía, y haber querido hacerlo.

Aquí un enlace directo al homenaje de La República, en una nota muy formal, El Comercio con un emotivo recuento de crónicas publicadas anteriormente, y El País de España que le rinde un sentido homenaje. Desde este humilde blog, el respeto al maestro que nos enseñó que el periodismo está hecho por seres humanos, para seres humanos. Aquí una entrevista que ofreciera el año pasado y que tuve la suerte de encontrar en el youtube. Con el más profundo respeto, al maestro, con cariño.

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    En mi DNI, aparezco como Katherine Subirana. Pero me llaman Catalina. Cata, para los amigos. Soy periodista, sanmarquina, atolondrada, terca, adicta al café y al Lucky ligth (juntos o separados) y en conflicto constante (repito, constante) con los relojes. Escribo aquí como alguna vez escribí en un block escolar y como sigo escribiendo en ocasiones en servilletas o en hojas sueltas. Digamos que escribiendo aquí colaboro con bajar los índices de tala de árboles.

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