Y entonces, sucedió. Uchuraccay 1983 - 2007

Corría el año de 1983. Según estadísticas del Instituto Nacional de Defensa Civil (INDECI), que pude conseguir en físico pero que es imposible encontrarlas vía web, ese año el país atravesó uno de los más fuertes Fenómenos del Niño de su historia, contando desde 1700 y tantos. Y claro, trajo desastres, muertes, sequías y llanto, mucho llanto. Llanto cargado de lamentos y de “culpables”. Llanto que hervía en la sangre de quienes perdían a sus seres queridos luego de un un derrumbe o del desborde de un río, cuyas aguas inundaron poblados como luego la tristeza inundaría corazones.

Y ese año el país lloró mucho. Al mismo tiempo, el corazón y los intestinos del Perú luchaban, cada uno por su lado, con otro fenómeno: Sendero Luminoso y el terror que sembraba a su paso por comunidades ciertamente olvidadas para Lima, la capital, el centro, el concentrado, el sueño. Lima. Este aspecto de la historia ha sido harto comentada, analizada y, valgan verdades, ignorada.

El verano de 1983, cuando muy pocas personas entendían (aún ahora) que la historia del Perú había empezado a vestirse de luto en una atmósfera confusa, cuya neblina nos cubriría por un periodo de dos décadas. Y en busca del modo de entender, fueron entonces esos ocho periodistas, de distintos medios, pero con un mismo fin a Ayacucho, especificamente a Huaychao. Sin embargo, Eduardo de la Piniella, Pedro Sánchez, Félix Gavilán, Jorge Luis Mendívil, Willy Retto, Jorge Sedano, Amador García y Octavio Infante, no pasaron de Uchuraccay. Fueron en busca de la verdad, y sin duda, la encontraron. Juan Argumedo los guió por las pampas ayacuchanas, los acompañó en esta búsqueda y en este encuentro. El último.

La CVR presenta un completo informe acerca de Ucchuracay, basado en testimonios recientes, y otros no tanto, el informe Vargas Llosa y una exahustiva investigación llevada a cabo a lo largo de los casi tres años que duró su trabajo de campo. Aún así, 24 años después, la sombra del olvido se tiende sobre ellos y todas las demás víctimas de la violencia interna. Un episodio confuso que cobró víctimas que dieron importancia a la situación que se estaba viviendo. Los comuneros victimaron a los periodistas, pero señor Vargas Llosa, que no fue por “arcaicos”, sino porque en la confusión de los inicios de la guerra, confundieron a los periodistas con terroristas, así como posteriormente, los terroristas confundirían a casi 150 pobladores de Uchuraccay, y estos pobladores también pagarían esta confusión con sangre.

Al cumplirse 24 años de la tragedia, sólo podría decir que la mejor manera de homenajear perpetuamente a quienes cayeron en esta u otra de las masacres de la época del terror, es, señores periodistas, apostar siempre por la verdad. Por más utópico o idealista que suene, ésta existe y es nuestra obligación hacer que todos la sepan. Como Willy Retto, que murió disparando el último cartucho. Amén.

NdR: Juan Gargurevich, maestro de periodismo, lanzó una serie de cuatro escritos in memoriam. Buenísimos y altamente recomendables.

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    En mi DNI, aparezco como Katherine Subirana. Pero me llaman Catalina. Cata, para los amigos. Soy periodista, sanmarquina, atolondrada, terca, adicta al café y al Lucky ligth (juntos o separados) y en conflicto constante (repito, constante) con los relojes. Escribo aquí como alguna vez escribí en un block escolar y como sigo escribiendo en ocasiones en servilletas o en hojas sueltas. Digamos que escribiendo aquí colaboro con bajar los índices de tala de árboles.

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