Sin ojos que lloren por ellos

“¿A quién le gustaría enterrar a su madre?” “A mi. Hace 15 años no encuentro su cuerpo”. No es la frase exacta, pero se le acerca muchísimo, y la encontré en uno de los afiches acerca del trabajo de la CVR, que saliera por el año 2001, hace casi 6 años. Estoy segura que los gritos de indignación de aquellos que quieren desaparecer el monumento de “El ojo que llora” no se comparan con los gritos de dolor de las familias de los más de 69 mil desaparecidos durante la guerra interna.

Los argumentos que vienen utilizando, y que aun se utilizaran por mucho tiempo sin duda, pueden ser válidos si tratamos de forzarlos al extremo, pero es inaudito pensar que las víctimas de la violencia interna no merecen un reconocimiento póstumo. Perder a una madre, a un hijo, a una hermana en aquellas terribles circunstancias que atravesó el país es un trauma difícil de superar. En estos casos, más que dinero (también necesario), la mejor reparación sería asegurar condiciones de vida favorables para el desarrollo de las poblaciones más afectadas y otorgar especial atención a los familiares de los desaparecidos durante este periodo.

Es por esto que el Ojo que llora no debe desaparecer, pues es iimportante que haya un símbolo que le recuerde a todos los peruanos que vivimos una historia que no debemos repetir. Es por eso que cientos de personas han unido sus voces, sus letras y sus nombres en un pronunciamiento para evitar que desaparezca, ycon él la Alameda de la Memoria, pues este lugar se ha convertido en un punto de referencia para todos aquellos que perdieron a sus seres queridos, cuyos nombres se pierden en el tiempo, el espacio y la historia. Muchos de ellos tal vez aún sueñan con enterrar a su madre.

Si pues, no todos tienen la suerte de ir a los Jardines de la Paz o al Baquíjano y Carrillo a dejar flores en simbólico acto de recuerdo. Entonces, ¿por qué quitarle (otra vez) al país un pedacito simbólico de memoria?

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