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December 29 2006 No Comment

Se acabó… (y no se vendiò)

Se acaba y no se vende” es una expresión que me acompaña desde que tengo uso de razón. Cada vez que iba al mercado con mi madre, habñia un optimista vendedor que prefería reirse de su (mala) suerte, y que ante la poca demanda de sus productos, gritaba a voz en cuello aquella frase, acompañada de una carcajada triste, que terminaba pareciéndo más un lamento ahogado.

Es gracioso que esta frase se me venga a la mente siempre que algo va llegando a su fin. Y es más gracioso aún que ahora que se va acabando el año tenga en la mente los ojos tristes de aquel viejecito que tuve la suerte de conocer en las épocas en las que caminar sin tomar de la mano a mi madre, era simplemente inconcebible.

Y creo que es por las actitudes que he percibido ante la llegada del 2007. Y es que hace 365 días la humanidad entera levantó su copa y recibió el año 2006 con su mejor sonrisa. Es curioso que a dos días de que termine el otrora “tan esperado” la misma humanidad, casi en su totalidad, ruegue porque se vaya y no vuelva más. ¿Ingratitud, memoria selectiva, victimización o sencillamente tradición inconformista?

Vamos por partes. De 365 días de 24 horas cada uno, es imposible que todos y cada uno de los minutos que marcara el reloj hayan sido maravillosos, impecables, completa y totalmente felices. Del mismo modo, es imposible que aquellas 8760 horas hayan sido las peores de nuestras vidas. Entonces, ¿por qué esa tendencia a estigmatizar a los años que se van como malos, pésimos, peores? Y es que la conocida frase “ojalá que el que viene sea mejor que el que se va”, no siempre es tan inocente, sino que más bien suele tener una ligera carga de bilis o zumo de limón puro, sin azúcar.

La disconformidad es una tendencia en la raza humana. Nuestra racionalidad se ve tirada al piso por nuestra subjetividad y esa ligera tendencia de victimización masoquista que poseemos la mayoría de pobladores del plantea que nos hace recordar, recalcar y potenciar los malos momentos sobre los buenos. ¡Y tengo pruebas! De mis 237 contactos en el msn, al menos 150 maldicen al 2006 y amenazan al 2007 con la premisa de que “tiene que ser mejor que el anterior”.

Sin embargo, a pesar de estas amenazas, apuesto a ganador que el 1ero de enero será para muchos sólo la excusa perfecta para mandarse la borrachera de su vida, para amanecer fuera de casa, o irse a bailar hasta que el cuerpo digo “hasta aquí nomás”. Y de las bendiciones o maldiciones al que viene o va recién se acordaran el 02 de enero, si es que trabajan en el sector privado, y por lo tanto tengan que reincorporarse a sus labores, o si es que la resaca se los permite.

Otra expresión conocida suele ser “otro año más, igualito nomás compadre…yo igual tengo que trabajar para vivir”, con lo cual suelen condenar los próximos 365 días a la total monotonía. La letra de una conocida canción que reza “Si se marchó, sin un adiós, que se vaya, que se vaya…” es también otra opción para despedir los 525600 minutos de nuestras vidas que se lleva el 2006.

No se ustedes, pero yo prefiero recibir el año no esperando los 365 próximos días de porrazo, sino uno por uno. Entonces, mi modesto propósito de año nuevo lo comparto con quien tenga la paciencia de pasear sus ojos por estas líneas: no dejar las cosas para mañana y recibir cada nuevo día con la mismo ilusión con la que sé que recibiré el 1ero de enero.