Archive for December 26th, 2006
¿Es la Navidad una anormalidad necesaria?
Es difícil escribir en Navidad. La literatura navideña está ahogada por los clichés de las tarjetas que se envían para esta fecha y que auguran felicidad, paz y amor “en compañía de los suyos”, y por un barniz ligeramente empalagoso de buena voluntad que suele comenzar a desvanecerse antes que asome el nuevo año. Luego todo vuelve a la normalidad. ¿Qué es la normalidad? En principio, es la pregunta más difícil de responder para cualquier persona consciente de sus limitaciones. En todo caso, no lo es la Navidad ni esa vaguedad llamada espíritu navideño. Diría que normalidad en esta sociedad salvajemente capitalista -cultora de un individualismo tan acérrimo que mata la belleza del individualismo natural- es indiferencia ante el prójimo, irresponsabilidad por los problemas comunes y por la continuidad de la vida en el planeta, apetito voraz por los bienes materiales y sobre todo estupidez, soberana estupidez por llenarnos de cosas que no llenan, por ser incapaces de recuperar la espontaneidad y por vivir en función de lo que se espera de nosotros que, por supuesto, nada tiene que ver con el espíritu navideño y mucho menos con la felicidad real que es tan difícil de definir como el espíritu navideño.
lizar varios raseros diferentes: auténticos, puramente formales, indiferentes y falsos. Creo que los tres últimos rubros constituirían el 70% (y soy generoso en la cifra a causa del puro espíritu navideño que me posee hasta pasado mañana) del volumen total. Felizmente los deseos aún no se pueden pesar, y ello nos debe alegrar, pues ver las verdaderas cifras sería como ver cómo será nuestro rostro o lo que quedará de él dentro de cincuenta años. Un desastre para el cual no estamos preparados. Un espanto tan impúdico como el ballet de buenos sentimientos que ocultan al depredador que gobierna en nosotros el resto del año, cuando no se escuchan yingubeles, no hay renos eléctricos por las calles, Papá Noel descansa en el Polo Norte, los Reyes Magos dan un descanso a sus camellos, San José administra la carpintería, María ocupa su lugar de segundo orden al interior de la sinagoga y Jesús, nuevamente adulto, se muestra angustiado por la justicia humana y por ello es perseguido en cada uno que actúa como hubiera actuado él si le hubiese tocado vivir en nuestro tiempo.







