Analizar el mensaje a la nación del miércoles 17/06/09
Puntos a tratar: 1. ¿Por qué es la primera vez que veo a un presidente dar un mensaje a la nación con plaje? 2. ¿Qué podemos deducir de la voz temblorosa, la cara triste y la configuración del escenario en el que se presentó Alan García? ¿Y de la toma cerrada? 3. Análisis detallado de los discursos oficiales desde antes que estalle el conflicto hasta la fecha. 4. ¿Por qué me quedó la impresión de que en nueve minutos no dijo nada?
Estaba pensando si lo que le faltó a nuestro presidente en realidad, fueron clases de telepronter por Jessica Tapia. Ni cuando habló de la doña de altas cualidades necesitó papelito.
Después de una semana al borde del precipicio, de 40 muertos que lamentar y unos 50 desaparecidos, según informa la Defensoría del Pueblo, los ánimos no se terminan de calmar, pero esperando que no tengamos más muertos que lamentar, me atrevo a revisar un par de cositas a raíz de todo lo vivido, o todo lo matado en Bagua.
1. Los ánimos de la población, no sólo amazónica, están aún en el horno. La marcha de hace un par de días lo demuestra de alguna forma. Es cierto que muchos no tienen idea de lo que pasa con los DL 1090y 1064, pero en el fondo los reclamos no están del todo infundamentados: la indignación por los 40 muertos y 50 desaparecidos, la vergüenza por la ineptitud política (siguiente apartado) y la necesidad de dejar de vivir al margen del Estado -vivir asumiendo que se es parte de él, y no que se vive a pesar de él- son razones más que válidas para una movilización. Es más, me alegró mucho que se convocara a una marcha, pues ya estaba perdiendo las esperanzas y me preguntaba donde está la “sociedad civil”, o si porque muchos tenemos una tribuna cybernética, se había perdido la escencia de gritar a voz en cuello aquello que dictan las tripas el corazón y al cerebro (disculparán, pero ese es el recuerdo que tengo de mi época marchística).
2. Ojo con la inoperancia política. No nos pueden culpar por sentir vergüenza de nuestro congreso, de nuestra ministra del interior y gran parte de nuestro gabinete, y de las dulces palabras del presidente de la república. Vergüenza de decir que son “nuestros”. Dicen que cada pueblo tiene el gobierno que se merece, pero si le damos un vistazo a las reacciones de la población, pues parece que cada vez somos más los que creemos que nos merecemos un mejor gobierno. No es posible que el país se caiga a pedacitos y una voz en off diga “mientras tanto en el salón de la justicia”. A este paso, nada nos asegura que no se vaya a repetir otro Bagua u otro Ilave, y me da mucha bronca que nuestros señores políticos se olviden que están en el cargo por nosotros. No deberían manosear la palabra “pueblo”, porque al pueblo no le gusta que le metan la mano a cada rato… y ya viene año electoral. Nuestro país tiene memoria frágil, pero confío en que no tanto.
3. ¿Y ahora, a prevenir? Tengo que confesar que es la primera vez que me meto a fondo a revisar la página de reportes de conflictos sociales de la Defensoría del Pueblo, y son oro en polvo, como dice mi coordinador. Oro en polvo para el gobierno, si se les da la gana de trabajar para prevenir más que lamentar o buscar quién tiene la culpa de qué.
4. Agitadores de todos los tipos. Tenemos políticos que agitan los ánimos de la población (entre Cajahuanca y Cabanillas no hay mucha diferencia, y eso que su público objetivo es distinto!). Tenemos remedos de periodistas / escritores que agitan los ánimos (napalm para Bedoya Ugarteche). Tenemos líderes de comunidades que agitan los ánimos. Tenemos “líderes de opinión” que agitan los ánimos. Como los agitadores gritan y los “pacificadores” hablan, me pregunto cuál es el discurso que está calando más profundamente.
5. ¿Qué es noticia? Hace unos días conversando con unos amigos, les contaba mi malestar por el papel de los medios en el asunto de Bagua. Uno de ellos me preguntó si yo esperaba que éstos se conviertan en folletos de ONG. Mi primer impulso fue reirme y decir “no, sólo pienso que no hay que creerse el cuento de que el Perú es Lima, Lima el Jirón de la Unión y el Jirón de la Unión la discoteca Cerebro”. No sé si me entendió. No creo que la misión de los periodistas sea salvar al Perú (porque tal vez no tenga salvación, entre otras cosas), pero si saber que tenemos un poder que conlleva una gran responsabilidad.
horror por distintas razones, pero horror al fin y al cabo. Más de 30 muertos no es cualquier cosa, y mucho menos con las imágenes mostradas arriba, y peor aún con la desfachatez derrochada con tanto éxito por nuestros queridos políticos: congresistas, ministros y claro, nuestro bien papeado presidente. ¿Salvajismo? Yo vi a borbotones. En saco y corbata y con lanzas y piedras. Made in poder Legislativo y Ejecutivo y made in comunidades amazónicas.
Yehude dijo ante el Congreso que se siente culpable de la muerte de los policías ¿Sólo de los polícias? Alan García le dijo a las comunidades amazónicas que se dejen de paros, que ellos no son ciudadanos de primera clase ¿De qué clase son, entonces? ¿Qué clase de ciudadano es el que pertenece a una comunidad amazónica? ¿Qué clase de ciudadano es aquel que reclama para que se le tome en cuenta? ¿Qué clase de ciudadanos son los afectados por el terremoto en Pisco, que no reclaman nada, y que esperan hace dos años por la reconstrucción de sus casas (y de sus vidas)?
¿A ver, alguien me explica porqué se legitima la violencia de forma tan absurda, de parte de ambos bandos? Peor aún, como si no fuera suficiente con una historia de más de 69 mil muertos, ¿pretendemos seguir sumando a la lista? ¿Tal vez de 30 en 30? ¿Otra vez peruanos contra peruanos? Eso me parece más absurdo que cualquier absurda guerra (estado contra estado)
La prensa en general se muestra indignada por lo sucedido. Pero, ¿le dimos suficiente la tribuna que merecían los 50 días de paro? Vamos coleguitas, sin un paro de 30 días no merece una presión mediática en mancha, creo que me equivoqué de carrera. Los debates técnicos, laborales, económicos, científicos, sociales, antropológicos, etc., etc., etc. ¿no hubiese sido mejor plantearlos ANTES, en pleno paro, con cumbre de pueblos indígenas encima y con el D.L 1090 en mano? Nuestra cuota de responsabilidad (social), se diluye? ¿Nos entrampamos con la agenda setting?
Cortina de estrellas
Al Ejecutivo le cayó como anillo al dedo que lo sucedido en Bagua sea viernes y que sean varios polícias caidos: se cogieron de los policías muertos como escudo y tuvieron el fin de semana perfecto para armar una pantalla comunicativa que intente salvarlos del debacle. Pantallita que se cae a pedazos.
Primer pedazo: El spot lanzado por el gobierno el fin de semana.
Como comunicadora déjenme decirles, humildemente, que un trabajo así no me hubiese permitido egresar de la universidad. Por otro lado, su estrategia de comunicación no funciona, pues si quieren ofrecer la imagen del Estado justiciero / víctima, un comercial que pretenda asustar y revivir los fantasmas de nuestra no tan lejana época de violencia, no es suficiente, pues los discursos ofrecidos en las apariciones mediáticas de los representantes estatales se tumban ese propósito (que el spot tampoco consigue), en dos patadas. Si no, que lo diga Christian Manrique.
Como televidente, déjeme decirles que tengo un sobrino de 7 años que no puede dormir por su dichoso comercial… lo vio de casualidad y regresó a casa llorando y lleno de preguntas que no puedo responderle.
Y como ciudadana (porque sé que para el Estado el público espectador no siempre es ciudadano de alguna clase medianamente respetable, y yo me considero respetablemente ciudadana) déjeme decirles que he terminado asombrada por la paupérrima capacidad de resolución de conflictos, de asumir responsabilidades y de que muestra el gobierno que, en teoría, me representa.
Segundo Pedazo: Ya renunció una ministra
O sea, no todos los ministros están de acuerdo con el manejo de la crisis. No sólo es la oposición, no sólo es el público bochinchero. No todos pueden tragarse el discurso torpe y desordenado de doña Meche Cabanillas, quien por menos que 30 muertos, se encrispó ante la actuación de otros gobiernos en otros conflictos. Ya sé que en política pedir disculpas o reconocer errores es casi misión imposible, pero asumir su incapacidad de manejo sería mucho más decente.
No es una grosería, señor Yehude. Creo que cuando le dijeron que su gabinete tenía las manos manchadas de sangre se refirieron a esa responsabilidad que usted dice sentir por la muerte de los policías, y que debería sentir también por la muerte de los civiles.
¿Y ahora?
¿Nuestro pilatesco y engreído Congreso de la República se dignará a hacer algo al respecto? ¿Seguirán tirándose la pelota los unos a los otros? Miren que ya se viene el 11 de junio, el paro generalizado tantas veces anunciado…
Ayer la ministra Aráoz me dijo que no podían derogar el D.L 1090, por el TLC con EE.UU., pero es cierto que si a nuestro congreso sano y sagrado se le ocurriese derogarlo (o suspenderlo) y plantear un proyecto de ley que lo suplante, con cargo a ser consultado a las comunidades, como manda el convenio con la OIT, ¿no nos ahorramos problemas?
Ahora, este asunto también nos trajo a cola el tema de los títulos de propiedad que no se han terminado de repartir en la Amazonía ¿algún poder del Estado puede acelerar este trámite? Digo, tal vez el congreso se pueda dignar a hacer algo más que tirarse la papa caliente entre bancadas.
Y quienes realizan las protestas, ¿seguirán dispuestos a morir y matar por los Decretos? No lo sé. Espero que no. Aquí si no puedo ensayar ninguna respuesta más allá de suscribir lo que dice el morsa al respecto: exclusión social y ciudadanías ignoradas.
Todo lo sucedido en Bagua me dejó un mal sabor de boca, una sensación de inutilidad, un vacío en alguna parte de mi y todas las interrogantes planteadas en este kilométrico post. Por cierto, para quienes ensayan actitudes pontificadoras del gobierno, editoriales de Alditus, o aspirantes a sabelotodo (cuando en su franciscana vida han tenido cerca una situación así, o la conocen sólo por papelito y por televisión) recomiendo leer el post de mi querido Uniberto sobre los neo-pelotudos. Esta claro que lamentablemente esta especie abunda, no sólo en la blogósfera, sino - y en este caso, y sobre todo - también en la ‘vida real’.
mi maestro. Aquel que me rescató, mi salvavidas, que me devolvió en un buzón de tiempo al mundo de las letras. Y que me hace recordar que quiero querer a alguien que sea mi amor, mi cómplice y todo, y que con los verdaderos compañeros se puede contar no hasta dos o hasta diez, sino aquellos que viven el “poder contar”. Que hay que ser feliz, aunque no se tenga permiso, porque esa es la mejor manera (o el mejor resultado) de no salvarse, aunque no lo crea todavía. Quien me enseñó a dar en ausencia de Dios (que no es mujer) todos los juramentos y las lluvias, a conjugar los hoyes, los mañanas y los ayeres, quien me ayudó a enfrentarme al espejo y firmar mi certificado de existencia.
Muchos tenemos historias con Mario Benedetti, yo tengo tantas que aburriría a quien quisiera escucharlas. Pero hay una que siempre cuento: yo no sé leer poesía, soy una taba. Le tengo a la poesía mucho miedo, respeto, temor y/o admiración, y mucho más de todo ello a los poetas. Sin embargo, uno de los pocos poetas que venció mi resistencia fue Benedetti.
Leí a Watanabe en la universidad y me gustó, pero no me le acerqué mucho. Odio a Bécquer y hay algo de Neruda que no logro cuajar en mi. Pizarnik se me acercó y sin pedirme permiso parte de ella me atrapó. Vallejo es imposible de obviar, y mencionaría un par más a quien con temor y respeto me acerqué a medias.
Pero Mario Benedetti me tomó de la mano, se ahorró los adornos, las complicaciones, las figuras raras y me llenó de la cotidianeidad que me gusta, de la que vivo o de la que quiero. Me enseñó la poesía que me gusta llamar poesía. Me llenó los días, me recorrió las venas y me acompañó la vida, en verso y en prosa, me ayuda a regresar a tierra y a volar tan lejos como mi cabecita loca me lo permite… Lo único que quería, alguna vez, era un autógrafo suyo… tal vez el autógrafo me lo dio en el 2004, cuando me hizo regresar a la vida, pero ¿qué le daría yo a cambio? Mi perpetua y rendida admiración no hubiesen alcanzado ni alcanzará nunca para decirle gracias, a ti que nunca te irás.
Con sincera admiración, y aunque no se entienda (ni yo), congoja y agradecimiento:
O al menos de mayor consideración que la que ustedes me tienen. Y digo esto último porque yo los considero lo suficiente para pagar puntual mi recibito telefónico, y para no haber cedido a la tentación de piratear cable y ponerme mi paquete completo, aunque eso afecto mi bolsillo y engorde un poquito más el suyo. En fin, les escribo esta micro carta - post porque de verdad no los entiendo. A ustedes y a su decodificador. O ses, quiero decodificarlos.
Aunque debo agradecer la bendición del trío y duo, respectivamente, casi podría decir que es lo único bueno que han hecho (y ante la presión de la competencia, asumo). Ustedes no tienen la más mínima consideración con mi bolsillo, ni por mi materia gris, no? Es decir, por el mío y por el de todos sus usuarios. ¿Qué metida de rata (disculpen la expresión, pero a continuación procederé a explicar porque es la elegida para esta línea de mi carta) es la del pinche decodificador? Su decodificador no me convence, no me facilita la vida, y sus argumentos para justificar la presencia del aparatito negro en mi casa, me valen un pepino.
1. ¿Señal digital? En el Perú aun no hay señal digital señores. Pa’ webones, los bloggeros, pero no los cientos de millones de personas que recibimos el aparatito decodificador que me obliga a tener un control remoto más, y que de digital lo único que tiene son los botones que tengo que apretar, como cualquier control remoto.
2. ¿Distribución gratuita? Entonces, ¿me pueden explicar por qué cuernos he tenido que pagar S/.30 más de recibo telefónico a fin de mes? Y encima amenazan que ese monto es solo por la conexión de uno de los dos decodificadores. O sea, ¿saben que puedo denunciarlos por publicidad engañosa? Es más, ¿saben que sí lo voy a hacer?
3. Hace poquito cambiaron varios canales de lugar. Con el decodificador, tengo que decodificar las nuevas posiciones de los canales, y sus nuevos números, ahora con tres dígitos. Pero ese es otro punto del reclamo.
4. ¿Me explican porque ahora el canal 19 es el 160 y mucho? ¿Tiene algún sentido? Si lo tiene, me disculpo ahorita mismo, porque soy una ciudadana considerada, que reconoce cuando mete la pata. Pero, aunque uno no hace las cosas esperando que se las retribuyan, creo que yo y miles de ciudadanos que nos estamos preguntando las mismas tonterías, también merecemos una disculpa. Primero, por la metida de rata, y segundo, por tener que perder el tiempo en pensar en cosas como estas, cuando hay cosas más importantes en las cuales perder el tiempo.
Mi saludo sincero, aunque no espero contestación, hasta que les llegue la demanda de Indecopi.
Y de paso, irresponsabilidades del ser humano. La noticia de la muerte de Álvaro Ugaz, ha pasado por todas las redacciones, cabinas de radio, sets de televisión, cámaras y demás dejando una sombra. Para los que lo conocieron, y aun para quienes no lo conocimos de cerca.
No sé si estaba con copas de más o no. No sé si iba a mil por hora o no. Pero ese debate no lo pienso armar, ni sostener. A mi (y no solo a mi) me dejó dos cosas que pensar. Por un lado, me parece bastante bueno y correcto el no haber importunado a la familia con preguntas, planos, imágenes y lenguaje incómodo, o mejor dicho “tradicional” en este tipo de accidentes. El problema es que cuando un accidente así le pasa a Perico de los Palotes, muchas veces olvidamos que esta persona tiene también familia, novi@, espos@, hijos, hermanos, padres, amigos… y lanzamos titulares, imágenes, comentarios de cualquier calibre sin medir a quien podríamos estar jodiendo.
No sólo en un tema como este, de accidentes en carretera, en distintos temas. El día a día a veces nos hace olvidar que tratamos con personas, y que nuestra información va para otras personas. Que las personas a las que nos referimos, tienen familia, tienen amigos, y que a menos que sea inevitable, podríamos ahorrarnos algunos adjetivos, algunos comentarios, algunos titulares. No pretendo dar una clase de ética periodística, pero si me he quedado pensando y reflexionando, sobre cómo informamos. Somos personas hablando sobre personas, y transmitiéndo información para personas, seres humanos como nosotros. ¿Por qué tantas veces perdemos este sentido?
Y por otro lado, sobre las responsabilidades para con uno. ¿Estaba borracho? ¿Iba muy rápido? Qué se yo. Pero sé de muchas personas que después de la gran bomba suben a un carro y manejan a mil. O que juegan a ser Meteoro, sin una gota de alcohol encima.
Y sé de muchas personas que no manejan un carro pero se pegan una bomba y empiezan a vivir a mil, sin tener claro lo que están haciendo. Eso, entre otras cosas que no tienen nada que ver con pasar la línea de tomar unos tragos a meterte una bomba peligrosa (no todas tienen que serlo). Nos pasamos la vida criticando las irresponsabilidades de los otros, hablamos de choferes irresponsables, de transeúntes irresponsables… pero no estoy segura de cuan conscientes somos de nuestras propias irresponsabilidades con nosotros o con los otros.
Nadie es perfecto, pero si además de una reflexión de eduación vial, lo que lamentablemente le sucediera a Álvaro Ugaz, creo que nos puede hacer pensar en estas dos cosas, que en el caso de los periodistas no son ajenas la una de la otra: el manejo de la información, y el manejo del propio sentido de la responsabilidad.
Leo en el diario El País, que en Gaza se alista el regreso a clases de 200.000 niños/niñas/adolescentes, y que aun así, faltaría que regresen otros 200.000, que por el momento tienen las escuelas destruídas.
¿A qué clase de clases pueden regresar estos niños? Muchos ya no tendrán el mismo edificio, ni los mismos profesores, ni los mismos compañeros de carpeta. ¿Qué tipo de cosas se les puede enseñar en los salones? ¿Qué cosa queda de Gaza para poder transmitirselo a tanta criatura?
Cito de la nota:
No aprenderán mucho los próximos días porque el Ministerio de Educación ha recomendado a los docentes que presten ayuda psicológica a unos menores que padecen un trauma descomunal. O tal vez sea al revés. Han aprendido demasiado para su edad en los 23 días de guerra. No es difícil toparse por las calles con chavales con la cabeza vendada. Y se ven más muletas de las habituales. Como es natural, las aulas estarán repletas por la repentina escasez de instalaciones.
Se me viene a la memoria (otra vez), el libro de Oriana Fallaci, “Nada y así sea”, donde en alguna parte menciona que para los vietnamitas nacer, vivir y morir en guerra era casi tan natural como respirar. Yo traduzco que les pasa exactamente lo mismo a quienes han nacido en Gaza. ¿Podrán algún día entender el mundo de una manera distinta? ¿Podrán al menos hacer el intento de no repetir la historia, para que sus hijos entiendan el mundo de manera distinta? (Tal vez sean preguntas que pecan de inocentes, ilusas … -poner aquí el adjetivo que usted quiera)
En mi DNI aparezco como Katherine Subirana. Pero me llaman Catalina. Cata, para los amigos. Soy periodista, sanmarquina, terca, (entre otras particularidades del ser humano), adicta al café y al Lucky ligth (juntos o separados) y en conflicto constante (realmente constante) con los relojes. Escribo en este espacio como alguna vez escribí en un block escolar o como sigo escribiendo en ocasiones en servilletas o en hojas sueltas. Digamos que escribiendo aquí colaboro con bajar los índices de tala de árboles.